Eugenio Siragusa

:




" Una noche de 1962, sentí una necesidad repentina de subir al Etna (el volcán de Sicilia, todavía activo y que domina Catania). Subí en mi coche y me puse en marcha. En el camino tuve la clara sensación de que no era yo el que conducía, .sino que el coche era conducido por una fuerza superior. Recorriendo un camino sinuoso, me aproximé al monte Manfré, de 1370 metros de altitud. Después de parar el coche al borde de la carretera, continué a pie por un sendero que conduce a la cima de un crater apagado. Había llegado a la mitad de esta subida rápida cuando vi en lo alto de la colina destacar la silueta de dos individuos,, cuyo traje espacial plateado, brillaba bajo los rayos de la luna. Eran altos y de aire atlético, con cabellos rubios cayendo sobre los hombros, y llevaban muñequeras y tobilleras brillantes que parecían de oro; tenían un cinturón luminoso en la cintura, así como unas placas extrañas en el pecho.
Viéndolos mi sangre se heló en las venas y me sentí inundado de un sudor frío. Hacía 11 años que esperaba ardientemente este momento, pero el sitio aislado, la oscuridad nocturna, asi como el encuentro tan repentino, no eran propicios para darme coraje.
Uno de los extraterrestres dirigió hacia mí un rayo de luz verde proyectada por un objeto que tenía en su mano, e instantáneamente me sentí recorrido por una sensación extraña, que me tranquilizó inmediatamente, dándome una serenidad indescriptible: Mi corazón que, al principio, parecía querer explotar en mi pecho, volvió a latir regularmente.
Luego tuvimos numerosas conversaciones en nuestros nuevos encuentros; aprendí que ellos formaban parte de una Confederación Intergaláctica, a la cual pertenecen los habitantes de innumerables planetas, son los tutores de la especie humana, comprendida también la de nuestro planeta. Deberíamos considerarlos como tales, es decir, como hermanos mayores que, preocupados y alarmados por el mal camino que hemos tomado, con el riesgo de llevarnos al empleo de la bomba atómica, vienen hasta nosotros para avisarnos a tiempo del peligro que corremos. Por esta causa, el consejo cósmico condena a la humanidad de la Tierra por su comportamiento inhumano. Los pueblos a los que se esconde la verdad son gobernados por la mentira; los crímenes vergonzosos son considerados como actos de heroismo; la violencia llega a ser una necesidad; el odio racial parece una cosa normal en nuestra civilización; la religión ha sido deformada y llevada hacia el fanatismo, y paso...
Luego un día, con un tono duro y de gran tristeza en la voz me dijeron: una humanidad con una evolución altísima os envía astronautas y misioneros desde una distancia de varios años luz, para mostraros la naturaleza de su existencia, pero en vez de agradecerles sus esfuerzos preferís ignorarlos y escarnecéis todas las enseñanzas que ellos os traen. Sabed que una evolución fracasada y una catástrofe planetaria, serán las consecuencias irremediables de vuestras actuaciones.
Luego añadieron: En una vida anterior cada uno de vosotros ha trabajado al establecimiento de la civilización tal como es actualmente; todos habéis colaborado, participando al desarrollo de la humanidad. Comprendéis ahora que preparáis hoy el mundo que será el vuestro en el porvenir, así como os habéis creado también aquél en que vivís hoy. Como tutores de vuestra especie, sólo podemos condenar vuestro comportamiento; pero sabed: estáis vigilados rigurosamente por una raza superior que no os permitirá jamás llegar al desastre de una guerra nuclear.

Eugenio Siragusa



SAIKU

No hay comentarios:

Publicar un comentario