EL GRAN AKHENATON.






Akhenaton fue un contactado de los seres provenientes de Orión. El culto monoteísta y carismático que proponían sus hermanos cósmicos trataba en todo momento de acercar al ser humano a la esencia divina que cada uno portamos dentro. 

Los Señores de las Estrellas tuvieron que abortar varios planes para asesinar al Faraón. Finalmente tuvieron que aconsejar al Rey que abandonara su palacio paterno de Tebas y los de Menfis y Heliópolis construyéndose una ciudad separada de las rutas y del bullicio del pueblo.

Finalmente se puso en marcha la construcción de la ciudad de Aton, en el desierto, a medio camino entre Tebas y Menfis. Fue la ciudad de Amarna. Donde el Faraón, su esposa, y sus seguidores mas directos se refugiaron no tanto por vocación, sino para defenderse de las intrigas de la casta sacerdotal, que tenía el dinero y los medios para conspirar en toda regla contra el propio Faraón.

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. Akhenaton había bajado a los pasadizos interiores del Egipto oculto. Una vez al año acudía el Farón en solitario a este lugar para el rito de regeneración. Se trataba de purificar el cuerpo y el alma en las estancias subterráneas de la Gran Pirámide, para ascender después, por un angosto pasadizo hasta la cumbre de la propia pirámide, donde se encontraba el monolito traído por los viejos padre. El pasadizo contenía una pequeña plataforma de madera donde solo cabía un hombre. Por el centro de dicha plataforma pasaba una cuerda de esparto, que a su vez estaba sujeta a un juego de poleas en la cúspide de la pirámide. El propio Faraón tiraba de la cuerda hasta llegar a la cumbre y allí en postura de loto recibía la energía psicotrónica del cosmos. En estas prácticas, que duraban hasta tres horas de contemplación se podía perder hasta cinco kilos de peso corporal, a la vez que se llegaba casi a un estado de deshidratación, por la pérdida de varios litros de sudor.


Estaba en la sala oval, a punto de ascender por el pequeño ascensor, cuando la inmensa sala se iluminó con un extraño esplendor. El olor azufroso junto con un sinfín de chispas estáticas, hicieron palidecer al Faraón. De repente en el centro de la estancia se hizo presente una extraña máquina plateada, parecida a dos gigantescas escudillas de comida adheridas por el centro. 

Akhenaton había visto varias veces estas manifestaciones de los dioses, puesto que en las reuniones de la Gran Fraternidad eran frecuentes las visitas de los “Señores de las Estrellas” en dicha sala. Pero a pesar de tales visitas, nunca se terminaba de asombrar y de sorprender por la magnífica presencia de los “dioses”.

La máquina voladora tenía unos veinte metros de diámetro y cerca de seis metros de alto en la cúspide. Del lado inferior de la misma comenzó a abrirse una costura luminosa y casi al instante apareció ante el Rey, el gran Ramerik; Maestro Supremo de Orión, que en los tiempos del nacimiento del Viejo imperio, habría venido con el nombre de Ra, para instruir a Thotek y los primeros Faraones. En estas ocasión no venían con él sus hermanos, Osiris, Isis y Anubis. 


Maestro, ¿Qué deseáis de mi?


Vengo a prevenirte y a anunciarte que el plan que te anunciamos por medio de nuestro hermano Amenhotep, “que viva muchos años en el Paraiso”; va a ser modificado. No es posible establecer entre tu pueblo el culto a una sola unidad de conciencia. No se dan las condiciones sociales, políticas y sobre todo espirituales que nos permitan romper las supersticiones religiosas, el dominio de la casta sacerdotal y la ignorancia de la mayoría de los educadores de tu pueblo. Dispersa la Fraternidad. Y disponte a venir con nosotros.


¿Pero como puedo yo ser digno de tal honor?, ¿Y que pasará con mis hermanos y mis hijos?


Ellos tienen su propio programa de vida. Todos están cumpliendo su propio devenir. A pesar de todo tu amor por ellos, nada ni nadie puede alterar su recorrido evolutivo. Cada uno tiene que realizar su verdad, sin que podamos alterarla. Incluso viendo a tu propio hijo metiéndose en el peligro más grande, y aún desgarrando tu corazón, el debe experimentar por si mismo y establecer conciencia por dicha experimentación. 


A partir de este momento no comerás carne, no tomarás bebidas nocivas, y no vendrás a las ceremonias de regeneración. Cuando la Ciudad del Sol este concluida procurarás no salir a las fronteras ni permanecer mucho tiempo en Tebas. Existe todo un programa humano y suprahumano que quiere aniquilar nuestro proyecto y acabar con tu vida.

Akhenathon, el Faraón de las estrellas.






SAIKU

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