DISCLOSURE PROJECT.:Testimonio del Coronel Phillip J. Corso, Ejército de los Estados Unidos (retirado)






Coronel Phillip Corso fue un oficial de inteligencia que sirvió en el Consejo de Seguridad.
Nacional de Eisenhower. Después de sus 21 años de carrera militar, sirvió
como analista militar. 

El Coronel Corso vio personalmente extraterrestres muertos del accidente de Roswell en 1947 y un OVNI en una base aérea.
 Además ha visto OVNIS en el radar viajando a 4.000 millas por hora. 
Cuando trabajó en I+D le dieron fragmentos de tecnologías extraterrestres de varios accidentes y su trabajo consistía en suministrar a la industria de esas tecnologías, diciéndoles que provenían
de fuentes terrestres extranjeras.
Esos extraterrestres son otra inteligencia, están por delante de nosotros y han
probado – por una simple razón – que ellos pueden viajar por el espacio y nosotros
no. 
Es así de simple. ¿Cómo podemos superar esto? No sabemos nada al respecto,
de modo que tenemos que empezar con lo que sabemos. Lo poco que sabemos
es el gran regalo que nos hicieron – el extraterrestre, no el equipamiento.
La nave que yo vi estaba en una de las bases aéreas. No voy a decir dónde estaba,
pero estaba allí. No voy a entrar en ello. Tuve mucha información de lo que
había dentro. No había nada que pudiese ganar metiéndome dentro y viéndolo.
Tuve los dibujos de cómo era por dentro. Tuve lo que había allí. En realidad de
haber entrado habría sido por curiosidad, y en aquellos días no tenía tiempo para
curiosear.
El extraterrestre, es un poco diferente. Está compuesto de un modo celular al igual
que los humanos. Y la nave es casi un tipo de estructura biológica porque los extraterrestres
se ajustaban en ella. Recuerda que los clones que hacían esos seres,
los hacían de tal modo que podían ajustarlos a lo que ellos quisiesen. La nave misma
era una estructura de tipo biológico…
Cuando estos seres vienen a este mundo, llevan un traje – un traje que se ajusta
a la piel, y que encontramos. Su piel está alineada atómicamente y su traje se alinea
atómicamente. Esto es para repeler la radiación y los efectos dañinos – incluso
la radiación cósmica. Puesto que no respiran aire, los que vienen vivos a este
mundo, llevan puesto un tipo de casco. Puesto que no hablan, no tienen cuerdas
vocales, tienen algo que intensifica una transmisión de modo que puedan comunicarse…

Una vez que lo notifiqué a jefatura, me dijeron, “olvídalo, no estamos interesados.”
De modo que decidí que no les diría nada más. Cada vez que sucedía esto,
les decía a los chicos, “traedme las cintas.” Todos mis ordenadores tenían una cinta,
que daba toda la secuencia de disparo y podíamos comprobar si algo salía mal.
Así que les dije, “enviadme las cintas a mí, personalmente.”
Después partí y fui a Alemania, y empecé a registrar las mismas cosas en Alemania
– objetos que volaban a 3.000-4-000 millas por hora sobre Alemania. Nuevamente,
los lápices ópticos del radar fijaban los blancos, y todos los OVNIS que fijábamos
desaparecían.
Después, estuve cuatro años en la Casa Blanca y empecé a recibir informes, pero
eran sólo informes. Tenía todos los permisos, así que podía obtener los informes,
incluso los que estaban en código. Una vez conseguí un informe que decía que la
NSA estaba recogiendo señales del espacio, que no eran simplemente ruido espacial,
o cifrados, o algo que no pudiésemos leer – eran señales muy perfectas y parecía
que algo estaba dirigiendo un mensaje real. Pero no fuimos capaces de descifrarlo.
Era un mensaje bien coordinado. No era ruido espacial ni nada de eso, ni
ruido que estuviese llegando.
[Era un patrón. La evaluación concluyó que debía provenir de seres del espacio exterior,
y conseguí ese documento en la Casa Blanca porque tenía todas las autorizaciones
de la NSA. Después volví y el General Trudeu me metió en ello. Él había
organizado un proyecto de Investigación y Desarrollo. Al principio yo era un asistente
especial. Después creó la División de Tecnología Extranjera, una semana
después, y me puso al mando. Allí empecé a obtener los informes de la autopsia
de extraterrestres, y empecé a recibir informes de otros accidentes y de los artefactos
de esos accidentes. Y visité el lugar [cerca de Roswell, Nuevo México] un
par de veces…
Cuando entré en Investigación y Desarrollo, heredé todos esos artefactos y heredé
los informes de las autopsias del Hospital Walter Reed. En Walter Reed hay un laboratorio,
que era financiado por nosotros. Fueron quienes hicieron las autopsias
para nosotros. Pero no dejamos allí ni una copia. Todas las copias las cogimos porque
era nuestro laboratorio, financiado por nosotros. Así que allí empezamos a obtener
pruebas de que había ocurrido un accidente realmente.
Desde luego, he guardado silencio durante 35 años porque hice un juramento al
General y no he revelado los nombres de ninguna persona. Mi hijo dijo, “has mantenido
el secreto durante 35 años y no se lo has contado ni a tu familia.” Pensé,
“¿por qué habría de decírselo a alguien? Ahora bien, el General me dijo,
“mantengamos el secreto, pero cuando yo muera quedarás libre del juramento.”
Hace tres años el general murió, y empecé a poner todo esto en papel. Mi nieto
me dijo, “¿qué hiciste durante la guerra?” Pensé que sería mejor dejarles un legado.
No tenía ninguna intención de escribir un libro, siendo del ejército. Pero finalmente,
evolucionó y gradualmente empecé a escribir y se convirtió en esto. Así
que ese es mi trasfondo y como ya he dicho, tuve la evidencia de que allí ocurrió
un accidente.
Wilbert Smith era un genio, y el gobierno le trató muy mal. Se suponía que yo
tenía que ir a su laboratorio con él, porque el General le dijo, “Smith, usted y el
Coronel tienen mucho de que hablar. Permitiré al Coronel que le haga una visita
a su laboratorio en el Lago Ontario. Bien, lo dejé en suspenso y finalmente en
1962 decidí ir. Llamé y me dijeron que el Sr. Smith había muerto de cáncer y en
realidad nunca conseguí ir a su laboratorio. Él nos dio una pieza de metal que recogió
de un platillo volante.
Intercambiamos muestras de metal [de OVNIS estrellados] y él nos las devolvió
posteriormente.
Al Congreso le diría, “sucedió”, y agregaría, “Dad esta información a la gente joven
del mundo – ellos quieren oírla, la quieren. Dádsela. No la escondáis, ni contéis
mentiras, ni hagáis historias, no son estúpidos. No son gente joven en los
que cundiría el pánico.” De hecho, mi propio sobrino es Director de Investigación
de DECO Corporation. Me llama y me dice, “Tío Phil, ¿por qué no nos cuentan la
verdad? No nos va a entrar pánico ni nos vamos a tirar de los pelos.”
Un buen ejemplo de ello, que siempre cuento, para probar que la gente joven lo
quiere y no van a tener pánico: siempre lo demuestro de esta manera – yo comandé
un batallón de 1.500 hombres, un batallón de combate, y la edad media
de mis soldados era de 19 años. Un día le dije a mi superior, “Dios mío, estamos
enviando a niños a la batalla.” Esos chicos combatieron a los ejércitos más grandes
del mundo. No salieron corriendo. No les entró el pánico. Se mantuvieron allí
y lucharon. ¿Por qué crees que les entraría el pánico ahora? Ellos quieren esa información
y la merecen. Es su información. No pertenece ni al ejército ni al Departamento
de Defensa – es suya. Si está clasificada, que quiten la clasificación y
se la entreguen.
Yo siempre digo – el gobierno es tan grande e inmenso, que si le dejas sólo se
cubrirá así mismo. Cuando testifiqué delante de Prisioneros de Guerra Desaparecidos
frente al Congreso, el Senado, y no hace mucho tiempo en la Casa Blanca,
me hicieron una pregunta como ésta. Les dije, “mirad, es algo que me sorprende,
cuando el General Skolcraft y Kissinger vienen aquí frente a ustedes, y dicen que
allí no hay ninguna información. Yo mismo la envié desde Tokio mediante una
tele conferencia durante un período de dos años. ¿Cómo pueden decir eso?” Y
todas las familias estaban allí sentadas y querían oír esto. Posteriormente la buscamos
y la encontramos. Se había perdido entre el papeleo. A los políticos no les
importaba, tienen su propio ego, y hacen su pequeño trabajo para salir en los
periódicos. Si hay un Prisionero de Guerra desaparecido de su familia, a ellos no
les importa. Y con el encubrimiento a veces sucede de esa manera, sin que nadie
haga nada – se cubrirá así mismo y se perderá entre el papeleo como ya he
apuntado.

Nosotros nunca creímos a la CIA porque en mi tiempo, Stalin dio órdenes para obtener
toda la información que saliese de Roswell a algunos de sus mejores científicos
y agentes. Esa orden se dio, y sabemos que el KGB intentó infiltrarse en Inteligencia
Especial (donde yo estaba en el Pentágono), pero nunca lo consiguieron.
Sabíamos que Stalin envió agentes a toda esa zona para tratar de obtener información
sobre Roswell, y nosotros seguíamos diciendo como tontos que aquello no
existía – decíamos que era un globo atmosférico. Ellos pensaban que no era un
globo atmosférico porque tenían indicaciones de que aquel suceso estaba ocurriendo.
[Los países de Europa se están tomando esto muy en serio. No son como nosotros.
Ellos no van a inventar historias sobre dummies que vienen del cielo o que
eran personas con la cabeza grande. Los europeos son más serios sobre este tema
que nosotros. Pero por aquí no me sorprende la reacción de las personas. Algunos
son como yo, nunca han estado fuera de aquí, después de haber estado en el ejército
no sales y concedes entrevistas ni escribes libros.
Nosotros dimos información sobre la tecnología extraterrestre e insistimos que
ellos [las corporaciones] obtuviesen las patentes. Pero también les exigimos unos
pocos requerimientos: que nos proveyesen a nosotros, a la punta de lanza del
ejército – quedaos las patentes, haced todo el dinero que queráis, pero dádselo al
pueblo norteamericano y a todo el mundo.
Los japoneses, ellos me entrevistaron y les dije, “cuando sacamos el circuito integrado,
también os lo dimos a vosotros.” He testificado delante de seis comités del
congreso. Si ellos quieren volveré a testificar, si prueban que son serios y que no
van a meter todo esto en los archivos y dejarlos a un lado… No iré allí para ayudar
a un senador o a un congresista a que sean elegidos.
Mira, hay mucha estupidez en todo esto – hagámosle frente. Tal vez yo cometí
una estupidez al haber estado callado durante tanto tiempo, pero hice un juramento
al General por el cual yo no abriría la boca hasta tres años después de su
muerte. También hubo otra gente implicada, y como ya te he dicho antes no voy a
dar nombres hasta que ellos quieran salir adelante. Pero tendríamos que haber
hecho más.
La cabeza [del extraterrestre] no era realmente tan grande, pero en proporción al
pequeño cuerpo se veía grande. Posteriormente, una vez que tuve en mis manos
el informe de la autopsia en 1961 del Hospital Walter Reed, cuando estuve a cargo
de la División de Tecnología Extranjera. Desde allí, empecé a juntar todo esto. La
naturaleza del interior del cuerpo era descrita en el informe de la autopsia. Hicieron
la autopsia y abrieron el cerebro y todo. El cerebro era diferente, y la mayoría
del cuerpo era diferente – sin nariz, sin boca, sin orejas, sin cuerdas vocales, sin
sistema digestivo, sin órganos sexuales. De modo que llegamos a la conclusión de
que era un clon humanoide. Como ya he dicho, cuando vi el cuerpo, no había mucho
que decir. Más adelante, obtuve el informe de la autopsia que habían hecho
los expertos, nuestros expertos.
Pero lo guardamos para nosotros – sólo algunas personas sabían del asunto, boca
a boca, sin papeles de por medio. Fuimos capaces de conseguir algo. Pudimos
discutirlo con los científicos alemanes [traídos después de la Segunda Guerra
Mundial mediante la Operación Paperclip]
El General Trudeau me dijo un día, “nos llevó cinco años desarrollar completamente
un transistor que alguien más había empezado, y el circuito integrado.” Si
no hubiésemos tenido la ayuda de gente como Hermman Oberth y Wilbert Smith
y sus chicos, nos habría llevado 250 años. El mensaje que quiero transmitir en mi
libro es que las nuevas generaciones se fijen y vean lo que hicimos y que vean la
ayuda que obtuvimos del espacio exterior y que esos seres existen. Dejemos que
los jóvenes sepan que ese es el futuro en el que van a ver y a vivir.
Ese es el mensaje de mi libro y es lo que me gustaría ver: Dejar que las nuevas
generaciones lo tengan… somos viejos, vamos a morir, dejemos que los jóvenes
 — 



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