VIAJE A LA LUNA NEGRA..






Uno de los viajes fundamentales y no sólo en sentido astral, sino físico, fue su viaje a la Luna Negra, recibido como viajero en una cosmonave de más de 600 metros de envergadura, guiado por el extraterrestre Woodok...

Como las veces anteriores, Eugenio Siragusa recibió claramente indicación telepática de partir al día siguiente para un encuentro físico en el Valle del Águila, un valle no lejano a los puntos donde había tenido los anteriores encuentros físicos con los tripulantes de cosmonaves.

En la comunicación telepática, también le había sido indicado que esta vez no se encontraría con un disco de los habituales de 12 metros de diámetro, sino con una Cosmonave de más de 500 metros de longitud.


A la hora exacta del día indicado, Eugenio Siragusa se encontraba en el Valle del Águila. Había anochecido y reinaba una absoluta soledad.
Cuando Eugenio vio la astronave estuvo tranquilo; más tranquilo que otras veces. La nave se estabilizó a una distancia de un tiro de piedra, en una zona desierta próxima. Eugenio se fue acercando en aquella dirección.


La nave le pareció enorme. Sin apariencia real de abertura, en uno de los laterales se hizo como un hueco y comenzó a emerger una escalera que fue extendiéndose hasta llegar a tierra. En aquel momento hizo su aparición uno de los Extraterrestres con quienes se había encontrado en otras ocasiones y le hizo indicación de subir.


La astronave, vista de cerca, tenía otra coloración. Penetró en una especie de halo que había ido variando del amarillo azulado al verde esmeralda. Se sentía una sutil vibración. En el interior de la astronave le dio la bienvenida el comandante, de nombre Woodok, con quien había tenido anteriores contactos.


Inmediatamente se produjo el despegue. El señor Siragusa no sintió más que una leve presión. Para seguir el viaje le habían sentado en un sillón anatómico, aparentemente de cuero o plástico. El sillón estaba diseñado para permitir el descanso de la columna vertebral, dejando completamente libre la caja torácica, terminando en un cabezal.
En el interior de la nave había espaciosos corredores que daban a compartimentos. Algunos de dichos compartimentos eran enormes laboratorios espaciales. Otros, eran cómodos dormitorios con camas anatómicas.


El señor Siragusa pudo conocer dos de los compartimentos fundamentales de la nave: el compartimiento de análisis y control de vuelos y el compartimiento donde se encontraban los controles de vuelo. En el primero, había grandes cuadros cartográficos, paneles luminosos que mostraban las líneas magnéticas de la Tierra y el espacio, y televisiones enormes que mostraban en imágenes la zona que se estaba sobrevolando. Muchos de estos paneles tenían enormes zooms que permitían acercar y alejar las imágenes a voluntad para tener un, visión de alejamiento o aproximación deseada. El compartimiento de los controles poseía un aparato que llamó poderosamente la atención del señor Siragusa: una especie de televisión cuatridimensional o globular, que recibía proyectaba imágenes, inclusive de la propia nave y el propio interior durante el vuelo. Eugenio Siragusa se vio proyectado en la pantalla de televisión, como si la toma hubiera sido hecha desde otra nave. Desde su sillón anatómico podía seguir el vuelo, las imágenes y las incidencias en la televisión globular. En unos segundos, vio la Tierra del tamaño de un balón de fútbol.
El viaje había comenzado a las 20,30 hora solar. Siete minutos más tarde la nave llegó a la Luna Negra.


La Luna Negra, según definición del propio Eugenio Siragusa, es un satélite artificial que la ciencia ha localizado muy bien. Hace habitualmente el recorrido de Luna a Venus y regresa. Su objetivo preciso es mantener la Luna en su órbita y evitar su aproximación y choque con la Tierra. La trayectoria del satélite se realiza describiendo un ocho entre la Luna y Venus, Moon Mafa, según gráfico adjunto:


La Luna Negra, en su interior, era una auténtica ciudad flotante, una ciudad maravillosa y de ensueño. Un grupo de mujeres saludaron al nuevo viajero. Entre ellas había un terrestre que también había llegado de la Tierra. Eugenio Siragusa se encontraría nuevamente con él en Italia. Era un mecánico nacido en Bolonia, llamado Galli.
Eugenio Siragusa fue conducido a un gran salón en forma de herradura, brillante, como si estuviera tapizado con placas de plata. A lo largo de la pared había una serie de nichos de cristal luminoso. En ellos, sentados en estado de desdoblamiento controlado, estaban los cuerpos de numerosos seres.


Telepáticamente, preguntó qué significaba aquello, quiénes eran. La respuesta fue:
Se trata de hermanos en misión sobre el planeta Tierra. Para nosotros el desdoblamiento controlado es como para vosotros el sueño. Pueden desplazarse a la Tierra y volver. En la Tierra realizan este trabajo astral unos seis millones de seres del espacio. Les está permitido hasta los 80 años.


Luego deben retornar. La vida media de uno de nosotros es de 1.200 años terrestres.
Eugenio Siragusa preguntó mentalmente por el origen de la Luna. La respuesta fue ésta:
La Luna es, en contra de la creencia de los científicos terrestres, tan joven como la Tierra. La Tierra, como la Luna y las otras dos lunas desaparecidas, nacieron con el sistema solar de la explosión de una estrella supernova. Los otros satélites se estrellaron en épocas diferentes sobre el planeta Tierra, destruyendo Mu y la Atlántida.


La Luna está habitada desde hace 175.000 años, justo el tiempo en que la Confederación Interestelar puso allí sus primeras bases. No es aconsejable habitar sobre la superficie lunar porque el núcleo central ígneo cósmico del satélite está en continua contracción, con pérdida de masa. Los cráteres lunares no son debidos a la caída de meteoritos o impactos, sino al vacío que la pérdida de masa de la superficie provoca, causando sedimentos imprevistos. Además, la superficie de la Luna está sometida a tremendos estertores derivados de la influencia de los océanos terrestres. Cuando el coloquio hubo terminado, la nave emprendió nuevamente el viaje de regreso. En total, Eugenio Siragusa había recorrido 470.000 kilómetros y el viaje había durado exactamente dos horas y veinte minutos. El trayecto había sido: Tierra Luna Negra Tierra.

Eugenio Siraguza-Victorino del Pozo



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SAIKU

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