Atlantis, más allá del Recuerdo.





Hubo un tiempo cifrado en miles de años, que todo el planeta Tierra vivía en un pequeño continente situado en el Océano Atlántico, entre América y Europa. Este continente conocido por el nombre de Atlántida, poseía el polo de cultura más elevado que se ha conocido en la Historia del globo. Sus habitantes, de tez oscura, se repartían por una geografía óptima por su clima y por su disposición de abrigo entre los grandes continentes que la rodeaban; por el Norte, la famosa Hiperbórea (Groenlandia) que cerraba paso a los hielos, y por todos los demás puntos cardinales, tierra que acolchaba y protegía al citado continente de cualquier inclemencia.
Dentro del mismo se había desarrollado, como hemos dicho, una cultura fantástica que en mayor medida se conservaba retirada del vulgo, puesto que la casta sacerdotal, que era a la vez depositaria del poder, tenía la precaución de no transmitir lo que celosamente se les había entregado por los hermanos superiores del espacio. Decimos ciertamente por los hermanos del espacio, debido a que eran diversas las culturas extraterrestres que habían conectado con la élite espiritual y cultural de aquella raza y habían establecido unos lazos de cooperación y de ayuda notables.
Por aquel entonces este continente estaba vinculado a la Gran Confederación Intergaláctica de pueblos libres y redimidos del mal. Era por tanto frecuente y lógico ver los platillos volantes, que ahora tanto nos asombran, circular por sus calles y por sus campos, sabiendo que de aquellos ingenios sólo podía venirles bendición y conocimiento.
Fueron, como hemos dicho, miles de años donde la sabiduría se fue haciendo archivo en los sagrados templos de aquel pueblo. En mayor medida en el Poseidón , o gran construcción concebida de acuerdo a las medidas cósmicas y que contenía una pirámide parecida a la de Keops en Egipto, pero ésta de la Atlántida, cubierta totalmente de oro puro, que a semejanza de un faro luminoso multiplicaba las frecuencias del Sol por todo su entorno. Aquel templo y aquella pirámide contenían a su vez un aparato magistral en forma de cristal, de material desconocido, regalado por los tutores del espacio y que en la parte alta de la citada pirámide hacía de ojo vigilante de cuanto ocurría en cientos de miles de Km. A través de dicho aparato y por medio de la geometría precisa de la gran construcción, se atraía la energía cósmica dulcificadora, capaz de armonizar las relaciones humanas, las cosechas, y la benignidad de un clima casi tropical que sólo producía bienestar perpetuo.
Podría decirse que este período estuvo ocupado por el hombre consciente puesto que nunca antes, ni con el período lemuriano, ni siquiera ahora con nuestro tiempo, la dignidad del individuo había alcanzado mayor cota y mejor vibración.
Pero como era de esperar en la lógica de crecimiento y decrecimiento de los fenómenos, no podía durar mucho, puesto que como siempre decimos, una cultura debe parir a la otra y un tiempo debe dar pie al nacimiento de otro más fecundo. Y así la cultura atlantídea debía desaparecer para comenzar otro tiempo que tenía como punto de arranque el antiguo Egipto.
El poder y magnificencia de aquella sociedad fue pronto codiciada por los pueblos bárbaros ribereños y en la medida que el tiempo pasaba eran frecuentes las incursiones de los ladrones y piratas, insaciables en su deseo de conquista de las tierras y bienes de la Atlántida.
Poco a poco el pueblo comenzó a degenerarse y desoía a los sacerdotes guardianes del conocimiento. Por otra parte, los caudillos y caciques conquistadores imponían costumbres licenciosas y la degeneración sexual y moral se hacía código de comportamiento en aquellos pobladores. Mientras esto ocurría, la geografía del planeta estaba cambiando, reposando a una estructura de continentes más estable. El Hiperbóreo o la actual Groenlandia, comenzó a hacer fisuras por donde se dejaban penetrar las frías aguas del Norte que incidieron en el clima atlantídeo y en sus cosechas. La Atlántida, que era más baja que la tierra del norte, pronto se vio inundada por las aguas y lo que antes había sido un sólo continente, ahora se repartía entre pequeñas islas en forma de racimo por todo el Atlántico.
Los sacerdotes y sabios hacían llamamientos a aquel pueblo que ahora padecía las consecuencias de su degeneración, pero éstos borrachos de desenfreno sólo atendían a los apetitos de sus sentidos. Todo se estaba perdiendo y ninguna fuerza podía parar el mal que cabalgaba a sus anchas entre los hombres de aquel tiempo.
Los extraterrestres retiraron el ojo vigilante de la gran pirámide y pasaron a la invisibilidad, puesto que el Consejo Supremo de la Gran Confederación así se lo ordenó. Acontecimientos sangrientos y dolorosos debían llegar y sólo lo salvable debía ser salvado.
En el momento preciso de tal proceso de aniquilamiento y de autodestrucción, el Gran Maestre del Poseidón hizo marchar a sus emisarios a través de lo que quedaba de la gran Atlántida y convocó un concilio entre todos los Altos Iniciados y las fuerzas aún fieles a las leyes cósmicas. Se reunieron en la gran pirámide todos los altos cargos de las siete Ordenes Esotéricas que gobernaban el mundo, nutridas por sus representantes respectivos, y una delegación extraterrestre que representaba a la Gran Confederación Intergaláctica.
- ¡Hermanos! -decía el Gran Maestre- Lo que nuestros astrólogos y grandes Maestros nos habían anunciado se ha dado y el proceso de regeneración es imposible. Sometamos por tanto a votación nuestros destinos y proyectos y busquemos una salida digna y honrosa para el conocimiento que se nos ha sido entregado por nuestros padres y hermanos del espacio.
La gran sala circular reunía a los más venerables ancianos de la sabiduría. Todos tenían en sus ojos la humedad de la tristeza, puesto que a pesar de su esfuerzo debían retirarse de nuevo a la verdad esotérica, a la verdad oculta en las grutas y en los templos iniciáticos. De nuevo, la llama debía meterse en la oscuridad puesto que el hombre no sabía y no podía asimilar el brillo ni la irradiación de la verdad.
El debate fue amplio y cargado de sentimientos, pero al final llegó el consenso y se tomaron los siguientes acuerdos

1) Parte de los Iniciados de cada una de las siete Ordenes Esotéricas que gobernaban el proceso espiritual de la Humanidad, debían marchar a la entonces colonia comercial de la Atlántida (Egipto) y recomenzar el proceso de reconstrucción espiritual.

2) El resto de los Maestros debía introducirse en las ciudades subterráneas del planeta que se encontraban en el subsuelo de Sudamérica y el Tíbet y aguardar allí hasta el final de la Era Acuario con el resto del conocimiento.

3) Establecer un Gobierno Oculto de la Tierra que en todo momento seguiría el proceso evolutivo de la superficie y que tendría su sede en El Dorado y en Shambhalla, situadas respectivamente en los lugares citados.

4) Programar a través de la Historia y según las necesidades de cada momento, cada raza y cada cultura, a diversos individuos que serían inducidos, guiados telepáticamente y asistidos por dicho Gobierno Interno y por las fuerzas extraterrestres que allí estaban presentes.

5) En cuanto al programa extraterreno, se les dejaba absoluta autonomía de acción y por tanto se establecían bases de apoyo a dicho Gobierno Interno en las Bermudas, Pirineos, Sudamérica, etc, etc lugares estos donde se seguiría la marcha evolutiva de las razas en el planeta y se ayudaría a los diversos programados que nacieran y fundaran movimientos y religiones a lo largo de la Historia de la Humanidad.

6) Las fuerzas extraterrestres construirían una gran base especial que se situaría en órbita terrestre detrás de la cara oculta de la Luna. Igualmente el propio satélite albergaría otras tantas instalaciones del aparato de vigilancia de las diversas culturas extraterrestres que regresarían a sus respectivos puntos de origen, una vez que habrían establecido el programa de fecundación genética que les había sido ordenado por la Gran Confederación.

Estos fueron los puntos básicos de aquella reunión. Aún ahora se siguen cumpliendo en el espíritu de cuanto se pactó y dedujo de los debates de todos los Maestros de la antigua Atlántida. Tan sólo faltaba un detalle y era designar al Jefe Espiritual para el nuevo tiempo y la nueva etapa de transición que venía enseguida, puesto que todo cambio social y cultural importante en la Historia de la Humanidad se apoya en el nacimiento o impulso de un Mesías, de un Caudillo o de un Alto Iniciado, que termina siendo la cabeza visible de todo un aparato o soporte oculto que actúa en la sombra.
Así pues todos los presentes se pusieron en pie y levantaron los ojos a lo alto, fijándolos en el punto focal de la pirámide de donde colgaba un bastón de oro reluciente. El bastón comenzó a girar impulsado por la fuerza mental de todos los sacerdotes y sabios y se rodeó de un aura luminosa de energía viva. Poco después ese aura se desprendió del bastón y comenzó a girar por encima de las cabezas de los reunidos hasta que se detuvo sobre la de un joven alto y moreno que con los ojos bajos se maravillaba de lo que allí estaba pasando. Este joven no era otro que Hermes ; su misión sería la más grande de todos los tiempos y de todos los Altos Iniciados que han existido.
Terminada la reunión, cada grupo marchó a sus respectivos destinos pues lo que quedaba de la Atlántida iba a ser destruido irremediablemente. Los rollos y manuscritos, así como los instrumentos de alta magia y ciencia cósmica fueron sacados de los templos y llevados al reducto interno de la Tierra. Los extraterrestres a su vez sacaron con sus astronaves los restos de cuanto hablaba de la Historia del planeta y fue codificado en ondas vibracionales que se alojaron en los Sagrados Registros Akhásicos.
Estos extraterrestres dejaron al planeta que buscara libremente su destino y se desactivaron todas las fuerzas cósmicas que habían sido atraídas por los ingenios colocados en el cinturón de las pirámides de toda la Tierra. Las fuerzas antigravitacionales cesaron, dando como consecuencia inmediata la caída de uno de los satélites naturales del planeta que viajaba en una órbita paralela a nuestra Luna. Dicha caída impactó precisamente lo que quedaba de la Atlántida y el antiguo continente se hundió definitivamente.

Atlantis, más allá del Recuerdo.


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SAIKU

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