CUEVAS MISTERIOSAS.




Un ufólogo argentino que durante décadas profundizó en estudios sobre la posibilidad de mundos subterráneos que cobijarían bajo la faz de la tierra a civilizaciones desconocidas, aseguró que esa temática abordada por investigaciones que combinaron tanto aspectos reales como legendarios, tiene en una cueva situada en Malargüe, al sur de la provincia de Mendoza, una de las tantas puertas que permitiría develar los misterios residentes en las entrañas del planeta. El investigador Javier Stagnaro ha dedicado más de 30 años de su vida a estudiar la realidad de los mundos que habitan en las cavidades de la tierra y que podrían explicar fenómenos y situaciones que hoy carecen de una respuesta definida, a partir que quienes habitarían esas profundidades podrían ser civilizaciones con más de 250 mil años de antigüedad. Estos aportes forman parte de un libro próximo a editar por Stagnaro, en el cual vuelca sus conocimientos sobre el tema y ahonda en aspectos de una investigación que llevó a cabo junto con un grupo de estudiosos encaminados a comprobar si la Cueva de las Brujas, situada a unos 70 kilómetros de la ciudad mendocina de Malargüe, forma parte de un cavernamiento mayor relacionado con otras galerías subterráneas en las cuales se asentarían otras civilizaciones. Stagnaro, cuyo libro llevará por título “Austerria: los túneles de Agharta en América”, señaló a EXPEDIENTES SECRETOS que compilar su obra le llevó 36 años de estudios y otros 10 para volcar esa investigación por escrito, en la cual plantea lo que a su modo de ver son los testimonios directos que hacen referencia a los mundos subterráneos. El trabajo de este investigador también especializado en el vínculo establecido entra armas ultrasecretas y los OVNIS, incorpora aportes de su búsqueda personal sobre las evidencias del mundo subterráneo, a lo que le añade elementos de la literatura universal, la mitología, las leyendas y el folklore. Uno de los puntos que Stagnaro no desdeña es, como manifestó, “los relatos de viajeros del siglo pasado y de exploradores y espeleólogos contemporáneo que aportaron información sobre el tema” en cuanto a búsqueda de aspectos concretos.
Algo de historia
“El Mundo Subterráneo en su calidad de continente habitado bajo nuestros suelos se encuentra arraigado en los mitos y leyendas de todos los pueblos, países o naciones a lo largo de toda la historia de la Humanidad”, puntualizó Stagnaro. El especialista manifestó que “la relación con aspectos concretos de la realidad espacio temporal que nos toca vivir, difiere de la perspectiva de sus exploradores. Así -aseveró- mientras que para algunos todas las cavidades de la tierra que estudia la espeleología son formaciones naturales, otros sostienen -remarcó- que algunas de ellas son obra de civilizaciones desconocidas”. La segunda de las teorías es la que, como apunta Stagnaro, es con la que comulgan exploradores y espeleólogos como Juan Moricz o Julián Goyén Aguado, para quienes algunos de esos cavernamientos como los existentes en la región de Morona-Santiago, en la Cordillera Oriental del Cóndor, en Ecuador, “han sido trabajadas por una civilización desconocida con una antigüedad de 250 mil años”. Para Stagnaro, “la relación inmediata de estas aseveraciones la vamos a encontrar en la mitología sumeria, cuyos dioses que se remontan a 450 mil años, se contactaron con Moricz contándole sus mitos y cosmogonías y como vinieron a la tierra y se instalaron en el mundo subterráneo donde construyeron sus refugios, más precisamente en la llamada Cueva de los Tayos, allí en Ecuador”.
Ramal Malargüe
La especulación de Moricz y Goyén Aguado se centró así a que como ocurría en ese punto del continente, una red profunda de galerías se entrelaza por debajo de la Cordillera de los Andes, extendiendo por todo Sudamérica la posibilidad de un hábitat para civilizaciones que no tuvieran necesariamente que ver con la humana. En 1987, luego de haber ingresado al Centro Argentino de Espeleología (CAE), del que era presidente precisamente Goyén Aguado, Stagnaro participó de una expedición a la Cueva de las Brujas, en Bardas Blancas, Malargüe,, donde realizaron un amplio relevamiento de la zona. “De esa expedición participamos junto a Goyén Aguado unas treinta personas y estuvimos diez días investigando las cuevas de la zona. En aquel entonces -rememoró- la Cueva de las Brujas sólo había sido topografiada por el CAE en un tramo de un kilómetro y medio y se pensaba que podía tener algo así como diez kilómetros de extensión”. En su interpretación, la Cueva de las Brujas es hasta el momento “el cavernamiento más importante del país” y del cual, especificó, “no se puede decir con certeza si está o no conectada con la red de galerías subterráneas señaladas por Moricz y que existirían bajo la Cordillera de los Andes”. “Es cierto que no se ha podido tener mayores precisiones en torno a las conexiones posibles o no de la Cueva de las Brujas con ese encadenamiento referido por Moricz -subrayó Stagnaro- pero si bien las investigaciones del CAE no lograron desentrañar la cuestión, Goyén Aguado creía firmemente en esa posibilidad”. La de una entrada al mundo subterráneo por Malargüe.


Por SEBASTIAN ARANGUREN



EXPEDIENTES SECRETOS DIARIO POPULAR

Reyes y talleres de OVNIS en las profundidades de la Tierra “Las creencias religiosas en torno a un mundo subterráneo en la India, Tibet, Nepal, China y Afganistán son tan reales como las de los occidentales sobre la existencia de Jesucristo. O sea indiscutible”. Así lo detalló Javier Stagnaro a EXPEDIENTES SECRETOS y recordó que en el país quienes oportunamente abordaron esas teorías fueron Fabio Zerpa y Héctor Antonio Picco. Stagnaro también subrayó que para Juan Moricz la civilización subterránea que había descubierto contaba “con talleres en donde se construían naves o vehículos que corresponderían con lo que llamados comúnmente OVNIS y que tal vez sería más apropiado designar como platos voladores”. En ese sentido, apuntó que una de las obras que dio a conocer la relación del mundo subterráneo con los ovnis fue “La Tierra Hueca”, de Raymond Bernard, y puntualizó en “Bestias, hombres, dioses”, Ferdinand Ossendowski hizo mención en 1924 al reino subterráneo de Agharti, donde según ese habita el rey del Mundo.Un Indiana Jones detrás de misteriosa civilización Sin duda, la historia del húngaro nacionalizado argentino Juan Moricz, amerita un abordaje particular si de la investigación de los mundos subterráneos se trata. De hecho y como lo reconoce el propio Javier Stagnaro, en el investigador de origen europeo residen aspectos que permiten asociarlo con Indiana Jones, el personaje cinematográfico creado por el director de cine estadounidense George Lucas. Muy lejos de Hollywood, Moricz defendía la teoría que bajo la tierra existía una humanidad más evolucionada de la que habita en la superficie, sobre todo en lo tecnológico, a la cual había tenido la posibilidad de contactar en las profundidades de la Amazonia ecuatoriana, donde según sus testimonios, dio con una extraordinaria biblioteca capaz de revelar los secretos intraterrestres. La investigaciones de Moricz lo habían llevado a la selva ecuatoriana, más precisamente al nudo georgiano de toda esta cuestión: una entrada al mundo subterráneo que existiría en la llamada Cueva de los Tayos, caverna a la que visitó en más de una oportunidad en la segunda parte de la década del sesenta., en algunas de ellas acompañado por Goyén Aguado. El supuesto hallazgo que había conmocionado a Moricz era, como quedó dicho, el de una biblioteca que atesoraba placas metálicas escritas con caracteres ideográficos, que daban una versión distinta de acontecimientos ocurridos en la humanidad según la interpretación y el relato procedente de esa civilización hoy por hoy desconocida.
Humanoides intraterrestres
De acuerdo a lo que había recabado, las redes que enlazan todo el mundo subterráneo que se expande bajo Sudamérica, eran parte de la obra de esos seres superiores dispuestos a prestar ayuda a la humanidad terrestre. El investigador consideraba que la Cueva de los Tayos era una de las entradas a ese mundo intraterrestre en el que habitaban humanoides que habían llegado hacía milenios y que encarnaban una especie del tipo humano, pero superior. Sin embargo, Moricz no fue parte de la mayor expedición realizada en 1976 a la Cueva de los Tayos -nombre que recibe de unos extraños pájaros que moran en su interior considerados como auténticos fósiles vivientes- aunque sí Goyén Aguado, quien ofició como guía del investigador a cargo, el escocés Stanley Hall. La expedición tuvo unos setenta integrantes, 30 de ellos militares británicos, otros 20 soldados ecuatorianos y decenas de biólogos, médicos y arqueólogos entre los que sobresalía un integrante singular: el astronauta Neil Armstrong, quien ocho años antes había sido el primer hombre en pisar la Luna. Quizás por respetar la ausencia de Moricz que no se puso de acuerdo con Hall en torno al espíritu y liderazgo de la misión, Goyén Aguado no llevó a los expedicionarios hasta la biblioteca intraterrestre. No obstante, la búsqueda de los expedicionarios les permitió hallar en las profundidades un gran lago habitado por peces ciegos y arañas gigantes entre miles de serpientes, hubieran erizado la piel del propio Indiana Jones

de La Otra Realidad.



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SAIKU

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