LA PROFECÍA DEL REY DEL MUNDO EN 1890




El hutuktu de Narabanchi me refirió lo siguiente cuando tuve ocasión de visitarle en su monasterio al empezar el año 1921: -La vez que el Rey de¡ Mundo se apareció a los lamas de nuestro monasterio, favorecidos por Dios, hace treinta años, hizo una profecía relativa a los cincuenta años inmediata y correlativamente venideros. Hela aquí.

«Cada día más se olvidarán los hombres de sus almas y se ocuparán de sus cuerpos. La corrupción más grande reinará en la tierra. Los hombres se asemejarán a animales feroces, sedientos de la sangre de sus hermanos. La Media Luna se borrará y sus adeptos se sumirán en la mendicidad y en la guerra perpetua. Sus conquistadores serán heridos por el sol, pero no subirán dos veces; les sucederá la peor de las desgracias y acabarán entre insultos a los ojos de los demás pueblos. Las coronas de los reyes, grandes y pequeños, caerán. uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho... Habrá una guerra terrible entre todos los pueblos. Los océanos enrojecerán... La tierra y el fondo de los mares se cubrirán de, esqueletos, se fraccionarán los reinos, morirán naciones enteras... el hambre, la enfermedad, los crímenes desconocidos de las leyes... cuanto el mundo no habrá contemplado aún. Entonces vendrán los enemigos de Dios y del Espíritu Divino que residen en el hombre. Quienes cojan la mano de otro, perecerán también. Los olvidados, los perseguidos. se sublevarán y llamarán -la atención del mundo entero. Habrá nieblas y tempestades, Las montañas peladas se cubrirán de bosques. Temblará la tierra... Millones de hombres cambiarán las cadenas de la esclavitud y las humillaciones por el hambre, las enfermedades y la muerte. Los antiguos caminos se llenarán de multitudes que Irán de un sitio a otro. Las ciudades mejores y más hermosas perecerán por el fuego... una, dos, tres... El padre luchará con el hijo, el hermano con el hermano, la madre con la hija. El vicio, el crimen, la destrucción de los cuerpos y de las almas imperarán sin frenos... Se dispersarán las familias... Desaparecerán la fidelidad y el amor... De diez mil hombres, uno solo sobrevivirá... un loco, desnudo, hambriento y sin fuerzas, que no sabrá construirse una casa, ni proporcionarse alimento... Aullará como un lobo rabioso, devorará cadáveres, morderá su propia carne y desafiará airado a Dios... Se despoblará la7 tierra. Dios le dejará de su mano. Sobre ella esparcirán tan sólo sus frutos la noche y la muerte. Entonces surgirá un pueblo hasta ahora desconocido que, con puño fuerte, arrancará las malas hierbas de la locura y del vicio y conducirá a los que hayan permanecido fieles al espíritu del hombre, a la batalla contra el mal. Fundarán una nueva vida en la tierra purificada por la muerte de las naciones. Dentro de cincuenta años no habrá más que tres grandes reinos nuevos que vivirán felices durante setenta y un años. En seguida vendrán diez y ocho años de guerras y cataclismos... Luego los pueblos de Agharti saldrán de sus cavernas subterráneas y aparecerán en la superficie de la tierra.

Mongolla oriental, camino de Pekín, me pregunté frecuentemente,

-¿Qué sucedería, si todos estos pueblos y tribus tan distintos y de tan diferentes razas y religiones comenzasen a emigrar al Oeste?

Ahora, en el momento de escribir estas últimas líneas, mi mirada se dirige involuntariamnte a ese vasto corazón del Asia central, teatro de mis correrías y aventuras. A través de los. torbellinos de nieve o de las tempestades de arena del Gobi, veo el rostro del hutuktu de Naraban, tono reposado me descubra el secreto de su pensamiento, señalando al horizonte con su fina mano de aristócrata.

Cerca de Karakorun, a orillas del Ubsa Nor, contemplo los Inmensos campamentos multicolores, los rebaños de toda clase de ganado, las yurtas azules de los jefes. Sobre esto se alzan los estandartes de Gengis Jan, de los reyes del Tíbet, de Siam, del Afganistán y de los príncipes indios; los signos sagrados de los pontificess lamaístas, los escudos de los Janes y de los Olets y los sencillos atributos de las tribus mongolas del Norte. No oigo el rumor de la agitada multitud. Los cantores no cantan los aires melancólicos de las montarías, de las llanuras y de los desiertos. Los jinetes mozos no disfrutan corriendo en sus ágiles caballos. Masas y masas de innumerables ancianos, mujeres y niños, ocupan el terreno y más allá al Norte y al Oeste, hasta donde la vista puede alcanzar, el cielo se tiñe con rojeces de llama y se oye el retumbar y el crepitar del incendio y el estruendo horrísono de la batalla y a matanza que lleva a los guerreros asiáticos entre ríos de sangre propia y de los enemigos, a la conquista de Europa. ¿Quién gula esas multitudes de ancianos sin armas? En ellas domina un orden severo, una comprensión profunda y religiosa del fin que se proponen, la paciencia y la tenacidad. Es la nueva emigración de los pueblos, la última marcha de los mongoles.

Quizás Karma ha abierto una nueva página en la historia ¿Qué ocurrirá si el Rey del Mundo está con ellos?

Pero este gran misterio de los misterios continúa siendo impenetrable.

Ferdinand Ossendowski

...extractos pertenecientes al libro "Bestias, Hombres, Dioses"







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SAIKU


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