Las crónicas de Akakor







Las crónicas de Akakor es un magistral relato contado por el periodista y escritor Karl Brugger de boca del último jefe indio de los Ugha Mongulala, Dacca y Haisha; Tatunca Nara, en el año 1972 en la ciudad brasileña de Manaus. Dicho relato es de tal fuerza documental e histórica que terminas contagiándote de las vivencias de un pueblo creado por los dioses hace miles de años y que lucha a brazo partido por su propia supervivencia.
Esta historia nos mete dentro de las numerosas galerías que existen en Sudamérica y nos presenta costumbres y modos elevados en lo filosófico, y diferentes claves en cuanto a considerar otro curso de la Historia. Trataré de hacer un resumen amplio.

El 3 de Marzo de 1972 y en un bar de Manaus, Karl encontró a Tatunca Nara y comenzó una relación de la que saldrían unas cuantas conversaciones grabadas en cinta magnetofónica. Este jefe indio era alto, tenía el pelo largo y oscuro y un rostro finamente modelado. Sus ojos castaños, ceñudos y suspicaces mostraban a un hombre con fuerte atractivo sobre el género femenino.
En un deficiente alemán, que habría aprendido de una forma muy pintoresca, fruto de su matrimonio con una mujer de esta nacionalidad, el indio contaba al periodista cómo hace más de 15.000 años los dioses escogieron a un pueblo llamado los Ugha Mongulala para darles la revelación y para que fueran depósito de su semilla genética, siendo él el último de los jefes que acudía a la civilización para solicitar ayuda urgente para una raza que agonizaba debido a los estragos desmedidos de la colonización y de la explotación indiscriminada de la Amazonía.


Cuenta la historia de esta tribu que 13.000 años antes de Cristo, naves doradas bajaron del cielo para reunir a los indios. Allí viajaban los dioses o padres de la raza. Venían de un planeta llamado Schwerta del fondo del universo y que cada 6.000 años se daban las condiciones precisas para que se pudiera dar un salto de este mundo al nuestro.
Ciento treinta familias de los Padres Antiguos vinieron en estas astronaves y colonizaron las ricas tierras del Amazonas.
Estos viajeros les enseñaron las leyes y los modos y costumbres de su cultura . Su aspecto físico era parecido al de los indios; de piel blanca y pelo negroazulado con una poblada barba que cubría el mentón y el labio superior. En nada se diferenciaban de nosotros si no es por sus seis dedos en sus extremidades en vez de cinco.
Es bueno reparar en esta cuestión de los dedos de la mano puesto que como veremos en un contacto con extraterrestres de nuestro días, vuelven a aparecer con este rasgo somático.
Con las familias escogidas, los dioses fundaron una nueva tribu Ugha Mongulala que significa tribus escogidas y ya en nuestro planeta modificaron la tierra, hicieron carreteras y edificios y enseñaron a los nativos la autosuficiencia en la naturaleza de una forma más elevada y civilizada.
Estos primeros viajeros del espacio formaron un verdadero imperio sobre el mundo conocido hasta entonces dejando como capital más importante la de Akakor en el corazón de la Amazonía, pero esta ciudad tenía edificios de superficie pero son aún mas importante y poderosos los que están bajo tierra.

Akakor, la capital del territorio, fue construida hace 14.000 años por nuestros antepasados con la guía de los Maestros Antiguos. Su nombre significa Aka= fortaleza y Kor = dos; dado que esta ciudad sería la segunda, y la otra se ubicaría en México con el nombre de Akanis, precisamente en la zona donde los océanos se tocan. Akakor estaría en la zona fronteriza entre Perú y Brasil y sus edificios y templos entre los que destaca el del Sol son muy bien explicados por Tatunca Nara en el citado relato. Dice nuestro jefe a su vez Durante el reinado de nuestros Maestros Antiguos, otras veintiséis ciudades de piedra rodeaban a Akakor. Las mayores eran Humbaya y Patite en Bolivia; Emin y Cadira en Venezuela, pero todas ellas quedaron completamente destruidas por la primera gran catástrofe que ocurrió trece años después de la partida de los dioses. Existía otra encima del gran lago en Tiahuanaco, y Manoa en la llanura elevada del Sur donde vivían los dioses y que estaba prohibida para los indígenas.
Akakor fue derruida intencionadamente por los indios para que los hombre blancos no la vieran y delatar así su presencia.
Todo el pueblo vive ahora en las trece ciudades ocultas en el interior de los Andes. Ciudades que fueron hechas por los dioses con una técnica de perfección y de conservación que se encuentran intactas y útiles para la vida desde hace estos miles de años.
Estas ciudades estarían diseñadas y dispuestas en forma que reproducen la constelación de la procedencia de los dioses en Schwerta, o lugar no conocido por nosotros en los confines de la galaxia.
Estas ciudades tienen aguas subterráneas y corrientes de aire así como espejos de iluminación de tal perfección que dejarían maravillados a más de un científico de nuestro tiempo.
Dicen las crónicas de este pueblo

Y los dioses gobernaban desde Akakor. Gobernaron sobre los hombre y sobre la Tierra. Tenían naves más rápidas que el vuelo de los pájaros; naves que llegaban a su punto de destino sin velas y sin remos, tanto por la noche como por el día. Tenían piedras mágicas para observar los lugares más alejados (TV) de modo que podían ver ciudades, ríos, colinas y lagos. Cualquier hecho que ocurriera sobre la tierra o en el cielo quedaba reflejado en las piedras. Pero lo más maravilloso de todo eran las residencias subterráneas. Y los dioses se las entregaron a sus servidores escogidos como su últimos regalo

Trece años después de que se marcharan los dioses debió haber alguna confrontación de carácter universal donde se utilizó energía atómica por las consecuencias que originó en la Tierra. Como todos los textos sagrados recogen dos fuerzas antagónicas pelearon por el dominio del Universo

¿Qué ocurrió en aquel momento cuando los dioses nos abandonaron?, ¿Quién fue el responsable de la catástrofe que arrojó a este pueblo a las tinieblas durante 6.000 años? Los sacerdotes dicen que en el periodo anterior a la hora cero existía otra nación de dioses que era hostil a nuestros Maestro Antiguos. Según las imágenes del gran Templo del Sol en Akakor, las extrañas criaturas parecían hombres. Tenían mucho pelo y eran de piel rojiza. Como los hombres tenían cinco dedos en las manos y cinco en los pies; más de sus espaldas crecían cabezas de serpiente, de tigres, de halcones y de otros animales. Dicen los sacerdotes que estos dioses también gobernaban sobre un enorme imperio y que poseían asimismo conocimientos que los convertían en superiores a los hombres e iguales a nuestros Maestros Antiguos. Las dos razas de dioses, que están representadas en las imágenes del Gran Templo del Sol de Akakor, comenzaron a disputar. Quemaron el mundo con calor solar y trataron de arrebatarse el poder la una a la otra
Siguen las crónicas hablando de una tremenda desolación para el género humano de aquel entonces y por la descripción de los horrores sin duda se trataba de energía atómica.
También cuentan la degeneración progresiva de los valores espirituales de la raza y cómo los sacerdotes llevaron al pueblo a la perdición por su ambición.
Pasaron unos cuantos milenios cuando se tuvieron que enfrentar a una gran catástrofe; quizás a la caída de algún cuerpo celeste como se desprende de su relato Y los dioses comenzaron a destruir al pueblo. Enviaron una potente estrella cuya roja estela ocultó el cielo. Y enviaron un fuego más brillante que mil soles juntos. Había comenzado la gran sentencia. Durante trece lunas cayeron las lluvias. Crecieron las aguas de los océanos. Los ríos afluyeron hacia atrás. El gran río se convirtió en un enorme lago. Y los pueblos fueron destruidos. Se ahogaron en la terrible inundación .
En todas estas grandes catástrofes los Ugha Mongulala sobrevivieron gracias a sus refugios subterráneos, tal y como cuentan las crónicas.
En el año 3166 (a.d.C.) los Dioses que tan ansiadamente habían sido esperados, regresaron a la Tierra. Los Maestros Antiguos de las tribus escogidas regresaron a Akakor y asumieron el poder. Pero únicamente unas pocas naves llegaron a nuestra capital. Y los dioses apenas permanecieron tres meses con los Ugha Mongulala. Seguidamente abandonaron de nuevo la Tierra. Tan solo los hermanos Lhasa y Samón no regresaron al lugar de sus Padres Antiguos. Lhasa se estableció en Akakor; Samón voló hacia el Este y fundó su propio imperio.
Al parecer Machu Picchu fue edificado por aquel entonces por Lhasa y desde ahí dirigió su imperio, hasta que en un platillo volante abandonó la Tierra en sus años viejos.
Samón por su parte fundó al parecer el imperio egipcio y ambos hermanos se visitaban periódicamente en sus platillos voladores y en un barco o ánfora mecánica tal y como dice Tatunca Nara. Hoy en día esta nave voladora y el ánfora mecánica, junto con documentación del imperio de Samón se encuentran depositados en las residencias antiguas de Akakor.
Se habla de una tercera fortaleza entre Venezuela y Brasil con el siguiente relato Después de guerras terribles contra los blancos bárbaros, el pueblo de los Akahim destruyó las casas y los templos, y de la superficie y se retiró al interior de las residencias subterráneas. Estas residencias están dispuestas como la constelación estelar de los dioses y se hallan conectadas mediante unos largos túneles de forma trapezoidal. Hoy en día, sólo cuatro de las residencias están todavía habitadas; las nueve restantes están completamente vacías. Los en un tiempo poderosos Akahim apenas ascienden actualmente a 500 almas.


El final de las crónicas es aún más alucinante puesto que el padre de Tatunca Nara, llamado Sinkaia se enamoró y se casó con una misionera alemana que había sido enviada en misión humanitaria. Esta princesa fue mandada como embajadora de los Ugha Mongulala a parlamentar con Hitler y así pedir ayuda, y el Fürer habría enviado varios mensajeros y finalmente una expedición de 2.000 hombres en submarinos con armas capaces de enfrentar a los blancos invasores o colonos. Es decir que se estableció una alianza entre los nazis y los verdaderos dueños de Sudamérica que afortunada o desgraciadamente no llegó a concretarse en guerra dado que la llegada de los alemanes a Akakor coincidió con la derrota final de éstos y por tanto con el final de la guerra. Estos soldados alemanes se vieron entre la encrucijada de retornar y caer prisioneros o quedarse en las residencias subterráneas, optando por esta ultima opción, de ahí el que Tatunca Nara supiera hablar alemán. Y si todo sigue igual, ha de haber ahora mismo todavía supervivientes nazis en dichas residencias subterráneas.
De las manifestaciones de Tatunca Nara se desprende que además de las crónicas escritas y de las naves de Lhasa se encontrarían en estas residencias internas varios cadáveres incorruptos de los primeros colonos del espacio. Realmente tendría que ser una aventura sublime el poder viajar a estas estancias y comprobar esta historia.
Así terminan las crónicas de Akakor. Un terrible destino le espera a la Humanidad. Una conmoción se producirá y las montañas y los valles temblarán. La sangre caerá desde el cielo y la carne del hombre se contraerá y se volverá fofa. Las personas estarán sin fuerza y sin movimiento. Perderán la razón. Ya no podrán mirar más hacia atrás. Sus cuerpos se desintegrarán. Así será como los blancos bárbaros recogerán la cosecha de sus actos. El bosque se llenará de sus sombras, agitadas por el dolor y por la desesperación. Entonces regresarán los dioses, llenos de pesar por el pueblo que olvidó su legado. Y surgirá un nuevo mundo, en el que los hombres, los animales y las plantas vivirán juntos en una unión sagrada. Entonces comenzará la nueva Edad de Oro.

Basado en las CRÖNICAS DE AKAKOR




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SAIKU

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