MISTERIOS DE MARCAHUASI.








A principios de junio de 1957, el Grupo Expedicionario de la Abadía, bajo el mando de la Orden de la Mano Roja, se abrió camino a través de difíciles pistas tanto a caballo, como a pie hasta la Meseta de Marcahuasi de los Andes, donde encontraron un Bosque Sagrado Perdido o Jardín de los Dioses en lo alto de las montañas peruanas. Este extraño lugar es conocido por los descendientes de los indios Huancas como la residencia de los hechiceros y de los Dioses Gigantes.
En la parte más alta de la gran altiplanicie había una enorme fortaleza de piedra en un extraordinario estado de conservación. Esta fortaleza fue usada por los soldados incas alrededor de 1350 D. de Cristo, época en que conquistaron a los huancas y establecieron la ocupación militar en toda la región. Hay muchas chulpas de piedras, tumbas funerarias en torno de la fortaleza, que fueron todas saqueadas. Después de la muerte del Emperador inca Atahualpa en Cajamarca, Perú, los españoles llegaron a Marcahuasi y destruyeron los antiguos bultos que contenían las momias para satisfacer su codicia del metal amarillo. Hoy, sólo quedan en cada tumba algunos huesos. Una antigua cueva funeraria, a varios miles de metros por encima del valle, probó ser muy importante porque contenía una tumba que no había sido abierta y que, por algún milagro, no había sido aún violada. En su interior había gran número de momias, pero el descubrimiento es insignificante si se lo compara con las fantásticamente antiguas piedras esculpidas de la Meseta de Marcahuasi.
Esa meseta está situada a 4000 metros por encima del nivel del mar, y está cubierta por la bruma gran parte del año, pero entre los meses de mayo y setiembre el sol brilla en todo su esplendor y es un lugar deleitoso, aunque las noches son muy frías. Las numerosas y grandes piedras esculpidas constituyen una importante clave para el descubrimiento de los antiguos misterios del mundo. Aves y mamíferos desde leones y elefantes hasta camellos y pingüinos que nunca existieron en la América del Sur están tallados en tamaño gigantesco. Todas las razas humanas fueron al parecer representadas y muchas grandes cabezas de piedras se asemejan a las que se encontraron en la Isla de Pascua en el Pacífico.
Muchas antiguas religiones, fueron simbolizadas por hermosas y finamente esculpidas esfinges, rostros y figuras de olvidados dioses y diosas. Las figuras son inmensas y de acuerdo con los cálculos científicos se cree que fueron talladas por una raza de hombres gigantes de al menos cuatro metros de alto. Aun no se conoce con certeza si pertenecieron a la Raza Ciclópea o no, pero la extraña cualidad dimensional de las tallas es una indicación de que tal vez sea así.
Las figuras cubren una superficie de varios kilómetros cuadrados, y los informes que se recibieron de otras partes de la América del Sur indican que se las puede encontrar en muchos otros lugares, si bien no en tal estado de aislamiento ni en tal profusión como en Marcahuasi.
Hay varios altares que fueron obviamente levantados para que los utilizaran criaturas gigantescas, pero es aún más sorprendente el hecho que algo de ese mundo parece cernirse sobre la meseta. Casi siempre se oye un sonido extraño, algo parecido a un zumbido, que parece provenir de las figuras, y ese sonido no se debe a causas naturales. Se siente que tiene que ver con algo que está más allá de la capacidad de comprensión del hombre actual, una mirada a otra dimensión del Tiempo y el Espacio. 






Cuando se toma una fotografía de la figura tallada de un anciano y se observa el negativo, ya no parece más un anciano sino un hermoso y vigoroso joven. ¿Quién pudo tallar la piedra de tal modo que viendo una figura desde cierto ángulo las formas se modifican y arrojan sombras en el valle, donde, a medida que la luz cambia, extrañas criaturas se mueven como si estuvieran vivas?
Esa raza de seres gigantes empleaban objetos naturales que al parecer se asemejaban a animales conocidos, y luego, tallándolos, realzaban el medio circundante. Resulta de ello algo que parece haber brotado espontáneamente del suelo. Este era un Bosque Sagrado donde nadie vivía, cuyo uso estaba reservado exclusivamente a propósitos científicos-religiosos. La ciencia y la religión estaban entonces unidas en la Verdad como lo estarán otra vez en la Nueva Edad. Es quizás el último Bosque Sagrado que ha permanecido casi intacto y sin ser perturbado por el hombre moderno. Es muy posible que Marcahuasi haya sido frecuentado por la raza que después se llegó a conocer con el nombre de los Eles. Los indios de la Huanca siguen venerando a Huari que en sus leyendas desempeña el papel de Hércules –un gigante. Al parecer el recuerdo de los gigantes sigue persistiendo en la mitología de los huancas y su Huari debe de haber sido originalmente un gran caudillo de la raza de los gigantes. Los huancas siguen celebrando extraños rituales en zonas escondidas cercanas a la meseta, rituales que ningún hombre blanco pudo ver nunca. Aún hace algunos años, los ritos se celebraban en Marcahuasi mismo.
El hecho más sorprendente de todos los que fueron descubiertos por las investigaciones de la Abadía es que cuando estudiaron la serie de fotografías aéreas de la meseta tomadas por el Gobierno Peruano, se vieron figuras definidas, gigantescas, que sólo son visibles desde el aire. ¿Quiere decir que los gigantes disponían de naves aéreas? ¿Eran esas figuras, vistas desde el aire, una especie de señales o símbolos para las naves que llegaban del espacio interestelar o de los planetas cercanos? Marcahuasi llegará a ser una zona importante para las nuevas investigaciones que se relacionan con la Raza Ciclópea y con la llegada de los Maestros del Espacio.

EL SECRETO DE LOS ANDES DE PHILLIPS BROTHERS


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SAIKU

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