TIERRA INTERNA




LOBSANG RAMPA nos cuenta en unos de sus libros cómo acompañado de su lama Dondup y otros compañeros, accede a una extraña gruta donde se almacena el conocimiento de los antiguos habitantes de la Tierra y que al parecer está iluminada por esferas de luz que aún dan nítidamente claridad para contemplar un verdadero museo de la Historia del Hombre sobre el planeta.

“ .... Nos dirigimos hacia el panel del cual el lama Mingyar Dondup ya me había hablado, y al acercarnos se abrió con un chirrido, tan fuerte, en el silencio del lugar, que creo que todos nos sobresaltamos. El interior estaba oscuro, pesado, como si hubiese nubes de oscuridad que nos envolvieran. Nuestros pasos eran guiados por unos surcos poco profundos cavados en el suelo. Seguimos hasta que terminaron los surcos, luego nos sentamos. Cuando lo hicimos, se oyeron una serie de clics , como de metal al raspar metal y, casi sin darnos cuenta, la luz entró en la oscuridad y la apartó. Miranos a nuestro alrededor y vimos más máquinas, extrañas máquinas. Había allí estatuas y figuras talladas en metal. Antes de que tuviésemos tiempo de echarles una mirada, la luz giró sobre sí misma y se transformó en un globo en el centro del salón. Los colores se movieron sin rumbo, y unas bandas de luz sin significado aparente, giraron alrededor del globo. Se formaron figuras, al principio confusas y borrosas, luego se volvieron vívidas y reales, con efecto tridimensional. Nosotros miramos atentamente
Este era el mundo de hace mucho, mucho tiempo. Cuando el mundo era muy joven. Había montañas donde ahora hay mares, y los agradables sitios a orillas del mar, que la gente frecuenta, eran entonces las cimas de las montañas. El tiempo era caluroso y lo habitaban extrañas criaturas. Este era el mundo del progreso científico. Extrañas máquinas iban de un lado hacia otro, a pocas pulgadas de la superficie de la Tierra, o volaban a muchas millas de altura por el aire. Grandes templos se alzaban con sus cúspides hacia el cielo como si desafiaran a las nubes. Los hombres y los animales hablaban, unidos telepáticamente. Pero no todo era felicidad; los políticos peleaban contra los políticos. El mundo era un campo dividido en el que cada bando ambicionaba las tierras del otro. La sospecha y el temor eran las nubes bajo las cuales vivía el hombre común. Los monjes de ambos lados proclamaban que sólo ellos eran los favorecidos por los dioses. En esas figuras que aparecieron ante nosotros, vimos monjes delirantes -como ahora- recitando su propia clase de salvación. ¡A qué precio! Los monjes de cada secta enseñaban que era un deber sagrado matar al enemigo. Casi con el mismo fervor predicaban que los componentes del género humano en todo el mundo eran hermanos. La falta de lógica en el hecho de que un hermano mate a otro hermano no se les ocurría.
Vimos océanos con grandes ciudades que flotaban e iban de un lado a otro. En el cielo flotaban igualmente grandes embarcaciones que se movían sin ningún sonido. Podían detenerse y casi instantáneamente partían a una estupenda velocidad. En la superficie se movían vehículos, unas pocas pulgadas por encima del suelo, suspendidos en el aire por algún método que no pudimos determinar. Los puentes se extendían a través de las ciudades recorridos por delgados hilos que parecían ser carreteras. Mientras mirábamos, vimos un gran destello en el cielo, y uno de los puentes más grandes se derrumbó convertido en un montón de vigas y cables. Otro destello y la mayor parte de la ciudad se transformó en un gas incandescente. Sobre las ruinas, se elevó una nube roja, casi diabólica, que se transformó en unhongo a muchas millas de altura.
Nuestro cuadro se desvaneció, y vimos nuevamente al grupo de hombres que habían proyectado las Cápsulas espaciales . Habían decidido que ahora era el momento de sellarlas. Vimos las ceremonias, vimos los recuerdos almacenados que colocaban en la máquina. Oímos el discurso de despedida donde se nos llamaba la gente del futuro, si existirá alguna , y se decía que la humanidad estaba a punto de destruirse, o que parecía posible, y que dentro de estas cuevas están almacenados registros de nuestras conquistas y desatinos para que puedan beneficiar a una raza futura que tenga la inteligencia de descubrirlos, y al descubrirlos, sea capaz de comprenderlos . La voz telepática se desvaneció, la pantalla se volvió negra. Nosotros nos sentamos en silencio, estupefactos por lo que habíamos visto. Pero apenas nos sentamos, se hizo nuevamente la luz y vimos que en ese momento salía de las paredes de la habitación ...".


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