LA TIERRA SAGRADA DE AGHARTA





En menos tiempo del necesario para formar un solo pensamiento, emergimos
del otro lado del vórtice. Ya no estábamos más en la caverna y la meseta enfrente
de nosotros era tan increíble que era casi más de lo que mi mente podía soportar.
Emergimos al lado de una gran montaña. De su cima fluía un gran rio de
seres iluminados que ahora brillaban con la luz divina de la creación que
permeaba esta sagrada tierra. En la base de la montaña estaba una vasta planicie,
llena de billones de viajeros como nosotros y, aun más, continuaban bajando en
una corriente desde la montaña, para unirse con sus hermanos.
Desde nuestra perspectiva, parecía como si estuviéramos parados en medio de
un gran tazón de tamaño fantástico. En lugar de un horizonte, la tierra se curvaba
hacia arriba alejándose de nosotros en todas direcciones para perderse finalmente
en el azul turquesa de arriba. En el centro del cielo estaba suspendido un sol de
magnificente belleza. Algo menor y menos intenso que el sol de nuestro sistema
solar, pero aun así, derramando una luz espléndidamente suave y dorada que
iluminaba el paisaje entero con su sagrado brillo.
La tierra era rica en vida y belleza. Era un ambiente tropical casi perfecto.
Crecían flores de todo tipo extensa y profusamente. Su perfume flotaba en la brisa,
ocasionándome una alegría casi infantil por la delicia del aroma, al recordarme los
dulces días de mi juventud. De las florestas y llanuras fluían y burbujeaban
corrientes de agua clara como el cristal. El aire estaba vivo con los sonidos de aves
e insectos cuyas ecos armoniosos se acentuaban y disminuían con el ritmo
universal de la vida. En la distancia pude ver ciudades grandes y bellas, con
edificios que parecían desafiar la ley de gravedad. Las estructuras, que parecían
ser hechas de cristal y piedras preciosas, brillaban con la increíble y radiante luz
cósmica.                                                        
Hasta que me hablo, me di cuenta que casi había olvidado al Maestro que
permanecía a mi lado, igualmente, en un estado de asombro, debido al espectáculo
ante nosotros.
“Contempla,” dijo solemnemente. “La Sagrada Agharta.”
Mucho creen que Agharta es la ciudad en el centro de la tierra. Sin
embargo, Agharta es realmente el nombre de la región y no solo una ciudad. Aquí
reside el poder cósmico de la tierra. Todos los poderes de la materia, energía y
dimensiones espacio temporales logradas por las criaturas vivientes, se originan en
esta fuente cósmica. En esta tierra viven numerosas razas, con diferentes culturas
y tradiciones. Viven en una dimensión avanzada y mucho mas evolucionada,
comparada con la vida humana en la superficie del planeta, en perfecta simbiosis
con el mundo y su viviente realidad.
Otras razas diferentes de las de la tierra también ocupan esta tierra
interdimensional de Agharta. Aquí hay grandes colonias de gente extraterrestre
que se originan de muchos y diversos lugares en nuestro universo. Estos grupos se
interrelacionan en diferentes niveles dimensionales.
La capital de Agharta es la ciudad etérica de Shamballa. Esta ciudad es la
más alta expresión de esta civilización interna y vibra a frecuencias astrales. Ahí
se concibe e instituye la idea creativa y el programa astral para la evolución de los
mundos. En Shamballa moran extraordinarios seres que vibran a las más altas
frecuencias del universo. Son seres libres, propietarios de la vida. Ellos
construyen el destino. Viven juntos en grandes clanes, guiado por los Mayores.
El clan Mayor es el Guardián de La Palabra. El Mayor de este clan es la Mente
Directora de toda vida, adentro y afuera del planeta.
Ellos existen en estas altas frecuencias, totalmente libres del tiempo. Al
moverse a través de diferentes planos temporales, quedan sujetos a sus efectos
solo mientras permanezcan en ellos. Pero su entidad real permanece sin cambio en
su naturaleza inmortal. Son el Alpha y Omega de toda vida en el Universo.
Llevan vestiduras, ricas, ligeras, de incomparable belleza y arte, con cintas
doradas y arabescos multicolores. Son más altos que el promedio humano, con
características fuertes y en extremo vitales que podrían ser comparadas con esos
rasgos distintivos de la gente polinesia.
Desafortunadamente, nosotros no éramos lo suficientemente puros para
visitar Shamballa. Aun cuando pudimos trascender la vibración de la superficie
de nuestro mundo y entrar en Agharta, aun estábamos muy apartados de esas
almas puras que moran en Shamballa. Pero nuestra razón de estar ahí no era para
admirar el paisaje. Teníamos otro propósito que pronto se nos revelaría a todos.
Nos unimos a la multitud de seres iluminados que se habían congregado en
la gran planicie al pie de la entrada dimensional. Arriba de nosotros en el cielo
volaban grandes naves esféricas que bajaban en picada y se esquivaban en la brisa
como los cometas de papel de Lhasa.
“Mira al cielo,” señalo el Maestro. “Son naves vivientes hechas de
pensamiento puro y capaces de viajar a cualquier lugar en este universo.”
El aire estaba vibrante de emoción mientras que el viento desplazaba sobre
la tierra el sonido de billones de voces. Todos los que estábamos ahí sabíamos que
esta era una ocasión trascendente en la historia del presente universo y yo me
sentía honrado y humilde de ser parte de ello.
“Increíble, hay demasiados,” dije en voz alta. “El mundo casi no puede
contenernos a todos.”
El Maestro se rio con una rica y profunda carcajada de completa alegría y
delicia, algo que yo nunca había oído que él hiciera en todo el tiempo que lo conocí
en la superficie de la tierra.
“Seres de todos los mundos y todas las épocas han venido a reunirse a este
punto del tiempo y espacio infinitos. Es un milagro que yo apenas soñé que era
posible, y sin embargo estamos aquí. Pero no debes preocuparte que Agharta se
desborde de seres iluminados, porque este lugar está situado en el centro de ambos
planos de existencia, material y astral. No solamente está ubicado en el centro de
nuestro planeta tierra, esta también ubicado en el centro de millones de otros
planetas. Agharta existe en el corazón de todo ser consciente en el universo.


Mi Visita a Agharta
Martes Lobsang Rampa



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