EL SOL FRÍO.




Según  seres del espacio, el núcleo solar sería frío, tal y además en su interior viven "los Elohim" o Programadores de la existencia en su identidad física, psíquica y espiritual.
"En el año 1.774, el Catedrático de la Universidad de Glasgow, Alexander Wilson, que impartía clases de astronomía, manifestó que el Sol era un astro frío, y fue apoyado, nada más y nada menos que por Frederick William Herschel, primer Presidente de la Real Sociedad Astronómica de Inglaterra, fundador de la Astronomía Sideral; descubridor de la nebulosa de Orión; de Urano y de dos satélites. En 1.874 para mayor abundancia, sostuvo que el Sol es un globo frío y habitado, circundado por dos envoltorios; el uno externo, luminoso y cálido, y el otro interno, destinado a servir de pantalla al primero. Bajo tal cortina protectora vivirían los "solares",  huéspedes de un maravilloso mundo sin noches y sin variciones climáticas, alegrados por una eterna primavera.
También el astrónomo G. de Vaux en 1.859, y el ingeniero A. Dard en 1.931, propusieron la teoría del Sol frío. Su hipótesis se basa, ante todo, en el hecho que, saliendo de la atmósfera terrestre, sólo hay oscuridad y un frío intensísimo. Aceptando el principio del origen solar de la luz y del calor, debería esperarse por el contrario (tal como argumentaron Vaux y Dard) un progresivo aumento del calor y de la luminosidad, a medida que se acerca uno al astro.
¿Es posible  se preguntan estos acérrimos contradictores de la Física clásica  que los rayos de fuego del supuesto horno cósmico atraviesen una zona fresquísima extendida en millones y millones de kilómetros y caigan sobre la Tierra sin atenuarse?, y aún admitiendo esto, ¿cómo puede ser que los rayos no calienten la estratosfera, sino sólo la faja central del globo, dejando cubiertos de hielo los casquetes polares?...
Según ellos, el Sol sería un astro frío, una enorme fuente magnética que esparce por doquier sus radiaciones. Estas atravesarían el espacio sin emitir luz ni calor, pero al encontrarse con un cuerpo celeste, producirían una fricción tal como para transformarse en electricidad, y por tanto, en luz y calor. El efecto de esta transformación, más bien débil en los altos estratos atmosféricos, se haría sensibilísimo en la superficie de los planetas y alcanzaría en su centro la máxima intensidad acumulada en tensión."
Es evidente por otra parte, que si en el núcleo solar existieran tantos millones de grados de temperatura, como dice la ciencia actual, sería en estado plasmático o energía no sólida, incapaz de mantenerse y de ser vista desde la Tierra, puesto que la materia a un millón de grados se transforma en un estado invisible no material. Lo que en realidad emite el Sol son ondas electromagnéticas que al chocar con la capa magnética de la Tierra, se produce lo que podríamos llamar "resonancia electromagnética", capaz de producir una filtración de luz y de calor. Es como si dijéramos, un cable de alta tensión que no produce llama, puesto que la electricidad circula por su interior sin resistencia, pero cuando tocamos ese cable, la diferenciación energética de nuestro cuerpo y la de éste, entra en resonancia de rechazo, lo que da lugar a la carbonización o combustión de nuestro organismo con llamas y efectos luminosos. Así actúa la glándula solar, puesto que el fuego en sí mismo no existe estabilizado y aislado, siempre hay un agente que lo produce como efecto resultante de una interacción de fuerzas. Es la energía la que puede y debe estar presente en el orden existencial universal, no el fuego como tal y en estado permanente.
De la explicación inicial sobre la formación de un sistema solar, se desprende a su vez que el núcleo de nuestro planeta es solar, o de la misma naturaleza primigenia que su padre creador, pero permanece fuertemente sujeto en el interior por medio de la fuerza centrípeta que lo aprisiona. Los extraterrestres a este respecto y en relación a la formación de los planetas, dieron en su día un ejemplo válido al recordarnos el comportamiento de una bola de nieve rodando por una pendiente. Su núcleo se vería comprimido por esa fuerza centrípeta, mientras que la pendiente empujaría a toda la bola a seguir a la fuerza centrífuga que lo desplaza.


Cosmogonía Solar

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