AL PAÍS DE LAS MONTAÑAS AZULES Tercera parte







…Kindersley habla de una “partida de gigantes rodeada por varios grupos de enanos horriblemente feos”. Olvidando su anterior temeridad y la forma en que se burlaban de los chicaris, los ingleses estaban prontos a considerarlos como genios y gnomos de esas montañas. Pero no tardaron en saber que veían allí a los grandes toddes, a los haddagues, sus vasallos y adoradores, y a los pequeños servidores de esos vasallos, los salvajes más feos del mundo: los mulu–kurumbes…
…Me complazco en anunciar a la most honourable, a la East India Company y a sus Excelencias los señores directores que, con arreglo a las órdenes recibidas…  he salido… para las montañas. Me fue imposible procurarme guias pues, so pretexto de que esas elevaciones son el dominio de sus dioses, los aborígenes me declararon que preferían la cárcel y la muerte a un viaje más allá de las “brumas”. Por lo tanto equipé un destacamento de europeos y cipayos y el 2 de enero de 1819 dimos comienzo a la ascensión en la aldea de Denaigulcot, situada a dos millas por debajo del pie del “pico” de Nilguiri…
…Allá, en mi persona , la Gran Bretaña “declaró que las“Montañas Azules” eran territorio real. La bandera inglesa fue izada sobre una alta peña” escribía mister Sullivan con tono alegre, “y los dioses nilguirianos se convirtieron en súbditos de Su Majestad británica”...
Los primeros informes del asombrado colector elogian la riqueza natural y la
fecundidad de esa maravillosa comarca: “Por doquier pasábamos, la tierra se mostraba buena; los baddagues nos dijeron que daba dos cosechas por año de cebada, trigo candeal, opio, guisantes, mostaza, ajos y otras hierbas distintas. A despecho del glacial frío de las noches de enero, vimos amapolas en flor. Manifiestamente, la helada no tiene en ese clima ninguna acción sobre el desarrollo de la flora.. . Hallábamos el agua deliciosa en todos los valles y desfiladeros de la montaña. A cada cuarto de milla, encontrábamos infaliblemente un manantial de montaña que era menester cruzar, con riesgo de la vida; muchas de ésas fuentes contienen hierro y su temperatura superaba en mucho a la del aire… Las gallinas y aves domésticas que se ven en los corrales de los sedentarios baddagues tienen un tamaño dos veces superior a los animales más vigorosos de la misma especie en Inglaterra. Y nuestros cazadores observaron que la caza nilguiriana –faisanes, perdices y liebres, estas últimas de un color completamente rojo–, es también mucho más vigorosa que en Europa. Los lobos y los chacales se encontraban en grandes manadas. También se veían tigres que no conocían aún el fusil del hombre, parejas de elefantes. Éstos nos miraban y se apartaban con indiferencia, sin prisa, en la completa ignorancia del peligro posible... La ladera meridional de las montañas, a 5.000 pies de altura, cubierta por bosques tropicales, absolutamente vírgenes abunda en elefantes de un color particular, casi negro, y de mayor tamaño que los elefantes de Ceilán. Las serpientes son numerosas y muy bellas; en las regiones por encima de 3.000 pies, son inofensivas. Agreguemos un número incalculable de monos, en todas las elevaciones”.
Finalmente, los ingleses volvieron a descubrir las huellas de los verdaderos habitantes y dueños de las montañas del Nilguiri: los toddes y los kurumbes.
Habiendo llegado a los 7.000 pies de altura a una extensa pradera de singular forma, los miembros de la expedición encontraron un grupo de edificios al pie de una peña…
A lo lejos, a dos millas de esa primer “aldea”, divisaron “un cuadro digno del pincel de un pintor y ante el cual nos detuvimos presa de inexpresable estupefacción, relata el colector. Sin embargo, los cipayos indígenas que nos acompañaban manifestaban intenso y supersticioso espanto. Una escena de los antiguos patriarcas se ofrecía a nuestras miradas. En diferentes puntos de este extenso valle, rodeado por doquier por altas rocas, varios rebaños de gigantescos búfalos pacían, con campanillas y tamboriles de plata en los cuernos… Más lejos, un grupo de ancianos de venerable semblante, con largos cabellos, el rostro encuadrado por una barba blanca, vestidos con un albo
manto…”
–“El todde se diferencia tan exactamente en todo de los otros indígenas como el inglés se distingue del chino”, escribe el coronel. “Ahora que los conozco mejor, comprendo por qué los baddagues, cuyos allegados encontrábamos en las ciudades de Maisur, antes del descubrimiento del Nilguiri, consideraban a esos seres como pertenecientes a una raza superior, casi divina. Los toddes se asemejan en verdad a los dioses, tal como los imaginaban los antiguos griegos. Entre los pocos centenares de “finemen” de esas tribus, no he visto hasta ahora uno solo cuya altura sea inferior a 6 pies 1/4. Están admirablemente bien hechos y sus rasgos recuerdan la pureza clásica…
Agregad a esto cabellos, tupidos, negros y lustrosos cortados en arco, cortos sobre la frente y las cejas y cayendo tras las orejas, en la espalda, en pesadas masas ensortijadas y tendréis una imagen de su belleza. Los bigotes, la barba que nunca se cortan, tienen el color de la cabellera. Los ojos, grandes, castaños, gris oscuro o hasta azules os miran con mirada honda, tierna, casi femenina… La sonrisa es dulce y alegre, joven en la expresión.
La boca, hasta en los ancianos más cansados, conserva los dientes blancos y fuertes, a veces muy bellos. La tez es más clara que la de los canareces del norte. Todos visten de la misma forma. Una especie de toga romana blanca de tela cuyo extremo pasa primero debajo del brazo derecho, luego es echada hacia atrás, sobre el hombro izquierdo. En la mano un bastón con adornos fantásticos… Cuando me enteré de su destino místico y de la fe de quienes creen en su poder mágico, este bastoncillo de bambú, de dos pies y medio de longitud, me turbó más de una vez… Pero no me atrevo, no tengo derecho, luego de haber visto muchas veces lo que vi, a negar la verdad de su creencia y la exactitud de sus afirmaciones… Si bien a ojos de todo cristiano, la fe en la magia debe siempre considerarse como un pecado, no me siento con derecho a refutar o a burlarme de hechos que sé reales, pese a la repulsión que me inspiran…”
Sólo me permito presentar algunos datos estadísticos complementarios, formulados por mister Sullivan y otros funcionarios en lo que concierne a las cinco tribus del Nilguiri.
He aquí el conciso resumen de las páginas del coronel Tornton: 1) Los errulares es el primer pueblo que se encuentra después de la caída de agua, en las vertientes de las montañas. Viven en cuevas de tierra y se alimentan de raíces. Ahora, con la llegada de los ingleses, se han vuelto menos salvajes. Viven en grupos de tres o cuatro familias, y su número es de alrededor de mil individuos.
2) Los kurumbes encima de ellos. Se dividen en dos ramas: a) Los kurumbes simples, que moran en chozas agrupadas en pueblos; b) los mulu–kurumbes, de repugnante aspecto, de estatura extraordinariamente reducida, que viven en verdaderos nidos en los árboles y se asemejan mas a grandes monos que a criaturas humanas. Pero mientras los kurumbes de los valles son sencillamente aborígenes de talla reducida, los kurumbes nilguirianos a menudo no superan tres pies de altura. Estas dos tribus no tienen ninguna idea de las necesidades más elementales, más indispensables de la vida y no han salido aún del estado de salvajismo más grosero, conservando todos los indicios de la más primitiva raza humana.
3) Los kochtares. Raza aún más extraña. No tienen ninguna idea de la distinción de castas y se diferencian tanto de las otras tribus de las montañas cuanto de los indígenas de la India. Tan salvajes y primitivos como los errulares y los kurumbes viviendo, como topos, en covachas construidas con tierra y en los árboles, son, cosa singular, notables artífices para trabajar el oro y la plata, herreros, alfareros. Poseen el secreto de la preparación del acero y el hierro; sus cuchillos, como sus otras armas, por su ductibilidad y filo, por su solidez a toda prueba superan en mucho todo cuanto se fabrica en Asia y Europa. Los kotchares no emplean sino un arma, larga como un espetón, muy filosa de ambos lados. La usan contra el jabalí, el tigre y el elefante, ysiempre triunfan sobre el animal27. Los kotchares no revelan su secreto por suma alguna. Ninguna de las tribus que moran en la montaña dominan semejante oficio.
4) Los baddagues o “burghers”. La más numerosa, más rica y más civilizada de las cinco tribus del Nilguiri. “Brahmanistas”, se dividen en varios clanes. Se acercan a los 10.000 individuos y casi todos trabajan en la agricultura. Los baddagues adoran, no se sabe por qué, a los toddes y les rinden honores divinos. Para los baddagues, los toddes son superiores a su dios Siva.
5) Los toddes, llamados también todduvares. Se dividen en dos clases principales. La primera es la clase de los sacerdotes, conocida con el nombre de teralli: los toddes que forman parte de ella se consagran al servicio de los búfalos, están condenados a un perpetuo celibato y practican un culto incomprensible que ocultan cuidadosamente a los europeos y aun a los indígenas que no pertenecen a su tribu. La segunda clase es la de los kutti, simples mortales. Por lo que sabemos, los primeros constituyen la aristocracia de la tribu. En esta poco numerosa tribu, hemos contado 700 hombres, y
según el decir de los toddes, su número nunca superó esta cifra. –“Los toddes no emplean arma alguna salvo un bastoncillo de bambú que nunca
abandona su mano derecha. Todos los esfuerzos por penetrar en el secreto de supasado, de su lengua y su religión, siguen siendo absolutamente vanos; es la más misteriosa tribu entre todas las poblaciones nativas de la India”. Mister Sullivan no tardó en verse enteramente sojuzgado por “los Adonis del Nilguiri”,
como los llamaban los colonos y plantadores más antiguos de las “Montañas Azules”.
Pero los toddes poseen otra cosa aún más seductora, sino para las masas en general, y los estadísticos en particular, al menos para aquellos que se dedicaron por entero al estudio de los lados más abstractos de la naturaleza humana: es el misterio que los seres sienten al estar en contacto con los toddes y es la fuerza psíquica de la que hablé anteriormente. Nos queda mucho por decir acerca de esos dos aspectos profundos de su alma…
El colector pasó diez días en las montañas, regresó a Kuimbatur, luego fue a Madras, con el fin de redactar su informe en la oficina central de la Company acerca de su viaje por las “Montañas Azules”. Luego de haber cumplido su deber, Sullivan regresó en seguida a las montañas que ya amaba, hacia los toddes que le interesaban mucho. Fue el primero que construyó allí una casa europea, para él, de la cual cada piedra fue traída por los toddes. “¿De dónde recogían esas piedras maravillosamente talladas?, el hecho sigue siendo un misterio”, nos dijo el general Morgan
Desde el primer día el colector llegó a ser el amigo, el protector y el defensor de los toddes, y durante treinta años, no dejó de ampararlos, protegiendo aquellos seres y sus intereses contra la codicia y las inicuas usurpaciones de la East India Company. Nunca se refería a ellos más que llamándolos “los dueños legítimos del suelo”  y obligó a los “respetables padres” a tener en cuenta a los toddes. Durante muchos años la Company pagó a los toddes un arriendo por los bosques y llanos que éstos le cedieron. Mientras vivió mister Sullivan, no se permitía a nadie ofender a los toddes ni apoderarse de las tierras que los toddes habían señalado previamente a los ingleses como destinadas a pasturas sagradas, lo cual habían especificado en los contratos.
Después de la muerte de mister Sullivan, los plantadores se apoderaron de casi todas las tierras situadas entre Kotchobiri y Utti. Aprovechando el hecho de que “los dueños de la montaña” se habían quedado con las cimas más altas del Nílguiri para las pasturas de los búfalos “sagrados”, los ingleses usurparon las nueve décimas partes de las “Montañas Azules”. Los misioneros, no dejando de aprovechar la ocasión, se burlaron de los indígenas y de sus creencias en los dioses y genios de la montaña; sus esfuerzos fueron inútiles. Los
baddagues conservaron su fe en los toddes, aunque éstos tuvieron que contentarse con las cimas desnudas de las peñas que ahora compartían con los langures. Los “padres” de la Company y, después, los burócratas gubernamentales, si bien seguían considerando a los toddes, en el papel, como los. “propietarios legales del suelo”, se comportaron, tal como ocurre siempre, como “señores respecto de barones

H.P.BLAVASTKY


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