RELATOS VERÍDICOS EXTRAORDINARIOS: Pohnpei




El que sabe, construye callando.
La transmisión del conocimiento, que perpetúa el sentido
de la vida, no se efectúa más que en pequeños fragmentos,
para que sólo el tiempo y la madurez del observador descubran,
en cada momento oportuno, la verdad.
El conocimiento último se adquiere, se sublima y se
comunica en el silencio de la propia vida.
La escoba de la civilización se encargó de borrar la sal del conocimiento de los reyes del Sol. Sólo dos lugares siguen siendo guardianes del pasado: el posible testimonio sumergido frente a las ruinas de Nan Matol, y el conocimiento esotérico encerrado en Salapwuk. Su raíz nace en Salapwuk. Allí podrás acercarte al secreto de la piedra inicial. Pero recuerda que deberás hacerlo solo, en silencio, en armonía, y con la certeza de que un paso a destiempo puede implicar tu desaparición, respeta a Pohnpei y a su gente. No es un lugar de veraneo ni de placer. Es una reliquia de nuestra historia cuyo origen
se asienta sobre una piedra sagrada rodeada por el inmenso océano: respétala. Se trata de una pieza primaria del archivo histórico de la raza humana.
ANDREAS FABER-KAISER

TRAS EL SABER DE LOS SAU RAKIM
En este nuestro primer paseo a pie por la selvática capital, nos sorprendió la constante amabilidad de sus gentes, siempre con la sonrisa y un alegre kaselehlia («hola») en los labios. Y también, la profusión de casas misionales que allí parecían brotar como setas o como caracoles después de la lluvia: los Adventistas del Séptimo Día, la Fe Bahai, la Iglesia de la Asamblea de Dios, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (Mormones), la Misión Católica (padres Jesuítas y hermanas Mercedarias), la Misión Protestante y los Testigos de Jehová compiten en el reparto de salvaciones eternas en estos escasos 2 kilómetros cuadrados de terreno. Yo iba en busca de un padre jesuíta que había sido compañero de estudio, en España, del investigador y ex-jesuita Salvador Freixedo, quien me habló de él al saber que me dirigía a Pohnpei. Este padre, Paulino Cantero ,no estaba.Nos dirigimos, pues, a la residencia de las hermanas, en la que nos darían la bienvenida las cuatro barras catalanas: aparecían en una gran imagen de la virgen de la Merced, de la cual es devota la congregación. Las hermanas Rosario y María, vascas y con largos, larguísimos años de estancia en la isla, se desvivieron por nosotros desde el primer momento. Nos dieron los primeros consejos generales para andar por la isla sin llamar la atención, nos dieron de comer, nos hicieron pasteles, nos trataron como a primos suyos llegados desde el otro lado del Globo.
«Los nativos tienen esta tradición por sagrada; y quien duerme en las ruinas muere en ellas; podéis ir de día, pero no se os ocurra quedaros allí de
noche: es la ciudad de los espíritus, y los fantasmas son reales», me confirmó por toda respuesta. Sabía, sabía cosas la hermana Rosario: «Nunca os contarán toda la verdad de la tradición auténtica», me advirtió con respecto a los conocimientos ancestrales de los nativos. Con ello estaba rozando —ignoro si consciente o inconscientemente— el saber iniciático de los Sau Rakim, los únicos que sabían de qué pie calza Pohnpei en realidad. Ella misma se nos quedaba mirando en ocasiones con una mirada tras cuyo silencio se ocultaba
un caudal de conocimientos que no estaba dispuesta a soltar, sino, en todo caso, a insinuar. Y me dio un detalle de la tradición que yo desconocía: «Iso Kalakal, el conquistador de Nan Matol, vino volando en una nube».
La suerte nos estaba acompañando. Luis Santos, el encargado vacilón del «Hotel Pohnpei» al cual pertenecía nuestra cabaña-terrario, estaba familiarmente vinculado a la región montañosa de Salapwuk, lo
cual nos sirvió en un principio para llegar hasta allí. Por otra parte Carmelida Gargina, una muchacha que se conocía a la isla y a sus gentes como la palma de su mano y que se ofreció a acompañarnos como guía y como intérprete, estaba lejanamente emparentada con Masao Hadley, uno de los transmisores de la tradición y por lo tanto uno de mis objetivos en la isla.
Peter Arthur, norteamericano y uno de los amos del «Village», es quien controla actualmente el mundo submarino de Pohnpei, dispone del material necesario para las inmersiones, y es el guía de cuantas expediciones (una australiana, una japonesa y otra norteamericana, principalmente) submarinas se han efectuado en los últimos años en y junto a las ruinas de Nan Matol. «Más de lo aquí relatado, tampoco sé. A excepción de aquellos hombres de constitución tan distinta, que conocen las historias de los tiempos antiguos; estos narradores se llamaban Sau Rakim; hoy ya no existe ninguno.
«Algo más hay que decir aquí todavía de los Sau Rakim: murieron de forma distinta que los demás hombres; los lugares de reposo de sus almas eran otros que Pohnpei; eran lugares situados más al sur y más al este. Y cuando morían, comenzaba a llover, a relampaguear, a tronar. Conocían todas las antiguas
historias de Pohnpei».
«La religión pagana de Pohnpei fue cultivada exclusivamente por los jefes de tribu y sus elegidos. Estos últimos formaban una sociedad de miembros más o menos iniciados, que llevaban todos el nombre de Tsamoro.
»Los tsamoro se reunían una vez al año en un lugar sagrado, en el que los admitidos durante el último año recibían su definitiva consagración y se iniciaba además a los nuevos aprendices. El lugar de reunión se llamaba "puel tsieraui", estaba rodeado de muros de piedra y el acceso les estaba vedado a todos
los no iniciados, bajo pena de muerte. En este lugar se hallaba una casa, en la que se reunía la "kapats tsamoro", la asamblea de los elegidos, para sus reuniones secretas. La hermandad se dividía en distintos grados»
«No os quedéis de noche en las ruinas de Nan Matol. No se os ocurra dormir allí. Tal vez no haya fantasmas, tal vez no haya espíritus; pero probablemente haya gente que os aceche allí». Nos habló también de que en las ruinas de Nan Matol fue hallada una tibia humana que medía desde el suelo hasta una altura superior a la de la cadera y hasta la cintura de una persona de estatura normal. ¡Huesos gigantes! El tamaño de los huesos enterrados en las
grandes cámaras de piedra muestra que fueron mucho más altos que los pohnpeyanos de hoy día». Debo decir que Johnny, el hombre más afable con que nos tropezamos en Pohnpei, es descendiente directo —por línea materna— de Iso Kalakal, el extraño invasor de origen celeste que aniquiló a los constructores de Nan Matol para instaurar en la isla un régimen de cinco reinados paralelos, vigente hasta el día de hoy.
NUEVE Y EL PULPO
Nueve parejas —nueve hombres y nueve mujeres— erraban en una canoa por el ancho mar,buscando una tierra nueva en la que establecerse. En esto pensaban cuando se toparon con un pulpo hembra de nombre Letakika. Cuando éste les interrogó acerca de su camino, le respondieron que iban en busca de una nueva tierra, y le preguntaron a su vez si él podría ayudarles. El pulpo les indicó un lugar del océano en el que había una roca que surgía por encima de las olas. Y les dijo que fueran en busca de esta roca y comenzaran allí a edificar su país. Los nueve hombres y las nueve mujeres prosiguieron su camino y hallaron la roca. Sobre ella comenzaron a construir la isla. Luego, dejaron en ella a una pareja, un hombre y una mujer, mientras que el resto volvieron a marchar. El nombre del hombre que se quedó en la isla no tiene importancia; no tenía nombre. Sí lo tenía el de la mujer: se llamaba Lemuetu. Lemuetu es la primera madre de Pohnpei. Por ello los pohnpeyanos se asientan sobre un matriarcado. En su canoa, las nueve parejas llevaban alimentos para comer y para plantar en la nueva tierra. Lemuetu y su compañero no tuvieron casa. Estuvieron viviendo durante mucho tiempo sobre las rocas. Comieron alimentos no cocinados. Posteriormente, alguien vino y les enseñó cómo había que encender fuego frotando dos palos. Después, llegó otra persona que les mostró cómo se construía una vivienda. Y luego llegaron más gentes, del oeste, del sur y del este. Y se fueron formando así con el tiempo los distintos clanes que habitaron la nueva isla, que había sufrido una radical transformación.
Este escueto y a la vez completo relato iniciático sobré los orígenes de la roca primaria de Pohnpei, es un compendio de conocimientos ocultos. Así, el nueve es —para las empresas de la raza humana— el símbolo del nacimiento, el símbolo de lo nuevo, apoyado en la cabala lingüística de las voces nueve —
nuevo — nave — huevo (novem — novum — navis — ovum)…
El nombre de la mujer que se convirtió en la primera madre de Pohnpei,
Lemuetu, hace clara referencia a la supuesta madre patria, Lemuria.Es decir los primeros habitantes de Pohnpei eran sobrevivientes de la Lemuria hundida.
LA MAGIA DE LOS CONSTRUCTORES SOLARES
El significado arcaico original del nombre de la isla, Pohnpei, arranca de la misma narración de la búsqueda, hallazgo y colonización por parte de Lemuetu de aquella roca sagrada perdida en el inmenso mar: «sobre la roca», sería su traducción original. Los transmisores del conocimiento amplían el sentido del
nombre Pohnpei en «sobre la roca sagrada»
Muchísimo tiempo después de la llegada de la primera canoa con las nueve parejas, una de las cuales
se establece en la roca que les indicara el pulpo, hacen su aparición en la isla dos hermanos: Olosipe y Olosaupa.  Con Olosipe y Olosaupa comienza el enigma de la ciudad de Nan Matol,hoy en ruinas, la única ciudad antigua cuyas ruinas pueden visitarse hoy en día en el océano Pacífico,edificada sobre más de noventa islotes artificiales. La única explicación que los nativos dan, o el único recuerdo ancestral que ellos conservan, sobre la construcción de dicha ciudad, es el que refiere su origen a la actuación, absolutamente mágica, de estos dos personajes, que en ocasiones aparecen mencionados también por los nombres abreviados de Sipe y Saupa. Nadie sabe de dónde vinieron; únicamente está claro que no habían nacido en la isla…
Olosipe y Olosaupa eran constructores, ingenieros, arquitectos extraordinariamente inteligentes y dotados de poderosos recursos mágicos. Esta descripción tradicional de los mismos, unida a su dominio del
transporte aéreo y a la ubicación marina de la ciudad que construyeron, estrechamente relacionada con las leyendas que remiten a una ciudad situada debajo de la misma, ya sea bajo tierra o en el fondo marino, vuelve a conectar a Pohnpei con tierras asiáticas —de donde proceden según muchos investigadores sus habitantes— y con América, ya que las artes de ambos hermanos son las mismas que para los katchinas recuerdan los indios hopi, que a su vez afirman proceder de aquí, del océano Pacífico. Así, la epopeya del Mahábhárata nos habla con lujo de detalles de los arquitectos que poseían fabulosos recursos para la construcción de aparatos volantes y de ciudades submarinas y subterráneas. También el otro poema indio, el Ramayana, refiere la aplicación de extraordinarios recursos tecnológicos en una época en que en modo alguno éstos podían identificarse con los conocimientos humanos. Los más antiguos testimonios literarios indoarios, los vedas, refieren la existencia de una raza que hubo de buscar cobijo y refugio en cuevas submarinas. En cuanto a los indios hopi hoy asentados en el estado americano de Arizona, ya vimos que afirman que en su memoria tribal late el conocimiento de la existencia de unos seres a los que ellos llaman katchinas, que en épocas remotas poseían artefactos voladores y enseñaron diversas habilidades a los

humanos, entre las cuales cabe destacar el corte y transporte de enormes bloques de piedra, y en relación con ello, la construcción de túneles y de instalaciones subterráneas. Todo lo cual aplicaron a su vez los hermanos Olosipe y Olosaupa en la olvidada isla de Pohnpei. Pero vayamos ya a conocer lo que éstos fueron a hacer allí. Olosipe y Olosaupa fueron a la vez sacerdotes e ingenieros. Llegaron a Pohnpei para edificar allí un santuario consagrado a un protector de la tierra y del mar: la anguila, desde entonces el animal totémico por excelencia de Pohnpei.

El Secreto
Andreas Faber Kaiser

@http://saikumisterios.blogspot.com.ar/

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