LA TIERRA HUECA DE GARDNER.







Gardner sostiene que, así como hay luces polares de Marte, Venus y Mercurio, que son rayos de sus soles centrales, que atraviesan las respectivas aberturas polares, ocurre en el caso de nuestro planeta. Las luces polares que irradia son las de la aurora boreal, que no se debe al magnetismo, sino al sol central de la Tierra.

Gardner presenta la siguiente teoría acerca del origen de la aurora boreal: “¿Por qué los científicos nunca han comparado la capa de luz de Marte con la luz que ilumina nuestras regiones polares? ¿Se olvidan de que las muestras de la aurora boreal se han observado sin conexión con un cambio en la aguja magnética? Si esto es así, independiente de las condiciones magnéticas, ¿qué otra explicación puede haber que una fuente de luz? ¿El reflejo de la luz de la aurora boreal, desde las mayores alturas de la atmósfera, no es comparable con la proyección de la luz de la atmósfera de Marte? ¿Cómo explican los científicos el hecho de que la aurora sólo se ve con claridad en el norte muy lejano y sólo en forma parcial más al sur?”

Gardner llega a la conclusión de que la aurora boreal se debe al sol central que brilla a través del orificio polar sobre el cielo nocturno, y que las variaciones en los rayos se deben a las nubes que pasan y los interrumpen y hacen que el reflejo en el cielo cambie en forma constante. El hecho de que la aurora boreal no se debe a magnetismo o a descargas eléctricas queda probado por las observaciones de los exploradores árticos de que cuando la aurora es más intensa, no hay alteraciones en las brújulas ni ruidos de fritura que acompañan a las descargas eléctricas.

También afirma lo siguiente: “Existen otras consideraciones que muestran que la aurora se debe al sol interno. El doctor Kane, en el informe de sus exploraciones, nos cuenta que la aurora boreal es más luminosa cuando es blanca. Esto demuestra que, cuando el reflejo del sol es tan claro que se refleja una luz completamente blanca, se obtiene un efecto mucho más luminoso que cuando la luz se fragmenta en colores prismáticos. En el último caso, la atmósfera es húmeda y densa en el interior de la tierra —esta es la causa del efecto arco iris— y, en una atmósfera semejante, no se puede ver tanto. Por lo tanto, la exhibición no es tan luminosa como cuando la atmósfera es despejada y la luz no se fragmenta. Una vez más, si la aurora boreal es el reflejo del sol central, deberíamos verlo completo sólo en las cercanías del orificio polar y ver sólo destellos difusos desde los bordes externos a medida que se va más al sur. Eso es exactamente lo que ocurre. En su libro In the Heart ofthe Arctics, el doctor Vichólas Senn dice: ‘La aurora boreal, que en ocasiones vemos en nuestras latitudes, es solamente la sombra de lo que se puede observar en la región polar’.

“La aurora no es un desorden magnético o eléctrico, sino un reflejo de los rayos del sol central. Si ese sol calienta continentes y aguas en el interior de la tierra; si, como vimos, las aves se alimentan y reproducen allí; si, en el Ártico, ocasionalmente se puede ver un tronco, una semilla o polvo parecido a polen provenientes de ese lugar desconocido, tiene que ser posible obtener evidencia de esa vida.

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