REENCARNACION 5





Tú que eres joven y te crees olvidado de los dioses, sabe que si te vuelves peor te reunirás con las almas inferiores, y que si te haces mejor te reunirás con las superiores, y que en la sucesión de vidas y muertes te tocará padecer lo que te corresponda a manos de tus iguales. Esta es la justicia del cielo. PLATÓN


A veces, los acontecimientos más importantes de la vida se nos echan encima antes de que seamos conscientes de su existencia, como una pantera que se nos acerca sigilosamente. ¿Cómo es posible que no nos hayamos percatado de algo de tal envergadura? El camuflaje es psicológico. La negación, el hecho de no ver lo que está ante nuestros ojos, porque en realidad no lo queremos ver, es el mayor de los disfraces. A esto hemos de añadirle el cansancio, las distracciones, las racionalizaciones, la evasión y, en general, todos los procesos mentales que se interponen en nuestro camino. Afortunadamente, la persistencia del destino puede eliminar estos impedimentos y distinguir lo que necesitamos ver, el primer plano que sobresale del fondo, como si pudiéramos atisbar a la primera los dibujos en tres dimensiones del «ojo mágico». Durante los últimos quince años he tratado a muchas parejas y familias que se han visto por separado compartiendo vidas pasadas. En otras ocasiones he inducido a regresión a parejas que simultáneamente y por primera vez se han visto relacionándose en la misma vida anterior. Este descubrimiento suele ser chocante para ambas partes, pues nunca antes han experimentado nada parecido. Mientras las escenas se van revelando, ellos permanecen en silencio sentados en mi consulta. Después, cuando emergen del estado hipnótico, descubren que han estado contemplando los mismos hechos y experimentando sensaciones paralelas. Sólo entonces me doy cuenta de su relación en esa vida anterior.
Pero con Elizabeth y Pedro todo fue a la inversa. Sus respectivas historias y sus vidas pasadas se iban revelando de mf1nera paralela pero por separado en mi despacho. No se conocían entre sí. Nunca se habían visto en esta vida. Pertenecían a países y culturas diferentes. Acudían a mi consulta en días distintosHabiéndolos tratado independientemente y sin sospechar en ningún momento que pudiera existir un vínculo entre ellos, no me di cuenta de su relación. Se habían amado y perdido mutuamente a través de sus vidas anteriores. ¿ Por qué no lo vi antes? ¿ Podía incluso ser ése mi destino? ¿ Convertirme en una especie de casamentero cósmico? ¿ Estaba distraído, cansado, o negaba la realidad? ¿ Descartaba de un modo racional las «coincidencias»? O tal vez la idea me vino a la mente en el momento adecuado, tal y como estaba planeado. Se me ocurrió aquella misma noche. «¿Eli?» Era Elizabeth. Se lo había oído decir a ella, semanas antes, en mi consulta. Sin ninguna duda, era Elizabeth. Ese día, unas horas antes, Pedro no podía recordar su nombre. En pleno trance hipnótico, se había trasladado a una vida pasada, una vida que había evocado en otra ocasión en mi consulta. En ella, había muerto después de ser arrastrado por unos soldados vestidos de cuero. Su vida se consumía poco a poco mientras su cabeza reposaba sobre el regazo de su querida hija, que le acunaba con desespero. En esa sesión Pedro regresó de nuevo a aquella vida. Tal vez todavía tenía que aprender de ella. Volvió a verse moribundo en los brazos de su hija, mientras su vida se iba apagando. Le pedí que la mirara muy de cerca, fijamente a los ojos, y que observara si podía reconocerla como alguien de su vida actual. -No -respondió entristecido-. No la conozco. -¿ Sabes cómo te llamas? -le pregunté intentando centrar por completo su atención en aquella vida anterior en Palestina. -No -dijo finalmente después de quedarse unos momentos pensando. -Te daré unas cuantas palmadas en la frente mientras cuento hacia atrás de tres a uno. Deja que el nombre entre fugazmente en tu mente, en tu conciencia. Cualquier nombre que recibas será válido. No se le ocurrió ninguno. -No sé cómo me llamo. ¡No me viene nada a la mente! Pero algo de pronto irrumpió en mi mente, como una explosión silenciosa, algo vívido y claro. -¡Eli! -dije gritando-. ¿Te llamas Eli? -¿Cómo lo sabes? -contestó desde las profundidades ancestrales-. Ése es mi nombre. Algunos me llaman Elihu y otros Eli... ¿ Cómo lo sabes? ¿ Tú también estabas allí? -No lo sabía –le contesté honestamente-. Se me acaba de ocurrir. Estaba muy sorprendido por lo que acababa de pasar. ¿ Cómo podía yo saberlo? En el pasado había tenido destellos «psíquicos» o intuitivos, aunque no a menudo. En este caso parecía que estaba recordando algo y no recibiendo un mensaje «psíquico». Pero ¿recordando desde qué momento? No podía situarlo. Mi mente hizo un esfuerzo para recordar, pero no lo conseguí. Sabía por experiencia que era mejor que no me esforzara más por recordar. «No te preocupes tanto -me dije a mí mismo-, ve haciendo tus cosas, ya verás cómo obtendrás la respuesta en poco tiempo y de un modo espontáneo.» Este extraño rompecabezas no estaba completo. Le faltaba una pieza importante sin la cual no podía realizar la conexión esencial. Sí, pero ¿una conexión con qué? Intenté, en vano, concentrarme en otras cosas. Un poco más tarde, esa misma noche, me vino de pronto a la mente la pieza que andaba buscando. De golpe, fui consciente de ello. Era Elizabeth. Hacía dos meses, había recordado una vida pasada en la que había sido hija de un alfarero en la antigua Palestina. Unos soldados romanos habían matado «accidentalmente»a su padre después de haberle arrastrado atado a un caballo. Los soldados no dieron ninguna importancia a lo que le había ocurrido. Destrozado y sangrante, murió lentamente acunado por su hija sobre una calle polvorienta. En aquella vida Elizabeth había recordado su nombre: Eli. Mi mente empezó a trabajar a toda prisa. Los detalles de cada una de las dos vidas en Palestina cuadraban. Los recuerdos evocados por Pedro y Elizabeth concordaban a la perfección. Las descripciones físicas, los hechos y los nombres eran los mismos en ambos casos. Padre e hija. He trabajado con mucha gente, por lo común parejas, que se han encontrado en vidas pasadas. Muchas personas han reconocido a sus almas gemelas viajando con ellas a través del tiempo y se han reunido una vez más en su vida actual.
Nunca me había encontrado con almas gemelas que todavía no se hubieran encontrado en su vida actual. En este caso, _e trataba de almas gemelas que habían viajado durante .casi dos mil años para reunirse de nuevo.

Como creo en la teoría del renacimiento, vivo con la esperanza de que, si no en esta vida, en alguna otra podré abrazar con amor a toda la humanidad. 

MOHANDAS K. GANDHI


 LAZOS DE AMOR


1 comentario:

  1. Como podría saber sobre mis vidas pasadas, existe en Argentina un lugar a donde ir para descubrirlo, estoy segura de que me ayudaría a entender muchas cosas sobre mi. Gracias.

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