¿CON QUÉ SUEÑAN LOS BEBÉS QUE AÚN ESTÁN EN EL VIENTRE MATERNO?

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Más que preguntarnos en qué sueñan los bebés mientras están el el útero materno, convendría ahondar en primero en la siguiente cuestión: ¿puede un feto llegar a soñar, siendo que aún no ha tenido contacto con el mundo?. Aquí entrarían, sin duda, diferentes cuestiones como la formación de “nuestra conciencia” o si el mundo onírico, es algo integrado de forma evolutiva en nuestro cerebro hasta el punto de poder soñar sin necesidad de nacer.
El tema ahonda a medio camino entre la ciencia, el misterio y la espiritualidad. No obstante, existen numerosos estudios sobre el tema. ¿Sueñan ya los seres vivos en los vientres de sus madres?.

¿Con qué sueñan los bebés que aún están en el vientre materno?

Según un artículo publicado en la revista “Science Daily”, el tema resulta aún demasiado complejo como para dar conclusiones claras y objetivas. No es posible demostrar a nivel de laboratorio y de forma objetiva que los bebés no nacidos “sueñen”. Tal y como nos explica el matemático Karin Schwab y su equipo de neurocientíficos de la Universidad Friedrich Schiller en Jena, Alemania, es sobre las 32 semanas cuando un feto da un salto madurativo notable a nivel cerebral y donde, posiblemente, podría ya abrirse la posibilidad de “poder soñar”.
  • Entre los 7 u 8 meses el feto entra ya en un patrón de sueño muy profundo en el cual, podrían darse los sueños. El movimiento ocular indica sin duda que están en un sueño REM, pero es imposible concluir con seguridad si lo que acontece en sus cerebro son sueños.
  • Hay expertos en neonatología que nos recuerdan que los fetos son muy sensibles a todos los estímulos que van más allá de la placenta. Sienten vibraciones, responden a estímulos musicales e incluso sus cerebros pueden verse afectados por el estrés que pueda sufrir la madre.
  • Es decir, el cerebro de un bebé sí que recibe estímulos exteriores que podrían ser integrados durante esos patrones de sueño. De este modo, su mundo onírico básico, ligeramente inmaduro y elemental, podría estar habitado por sensaciones, sonidos, formas… Algo tan orgánico y puro, a la vez que instintivo, que no debería hacernos descartar la idea de que, efectivamente, sueñan.
  • No obstante, los científicos no pueden darnos pruebas claras de ello. A pesar de que los bebés se mueven con frecuencia aún estando dormidos (cosa que hacen el 80% del tiempo), no hay una actividad clara de esas zonas asociadas a nuestro mundo onírico.
Según un artículo aparecido en la revista “Psychology Today” muchas veces no somos plenamente conscientes de lo que un bebé es capaz de sentir en el vientre materno. Se sabe que pueden reaccionar con agrado o desagrado determinados “alimentos” que reciben de sus madres, que tienen hipo, que bostezan y aún más… Aun viniendo al mundo de modo prematuro, pueden llegar a identificar la voz de sus madres, esa persona que durante 6 u 8 meses ha estado hablándole cada día. Es fascinante.
Las dificultades que tienen los expertos a la hora de concluir en si un bebé sueña o no es la imposibilidad de utilizar tecnología adecuada para analizar esos patrones cerebrales. Se ha intentado hacer en niños prematuros o incluso con animales (ovejas) pero siempre se encuentran con estructuras tan inmaduras que es muy complicado obtener resultados claros.
A falta de que la tecnología nos de respuestas más objetivas, son muchos los que se quedan con la idea de que los bebés sueñan. Y lo harían ya a partir de los 7 meses. Uno de estos defensores es el Doctor Eduard Estivill, pediatra y neurocientífico, famoso por enseñar lo que se conoce como método Estivill para propiciar un sueño profundo en los bebés y potenciar así, sus capacidades intelectuales. Según él, los fetos sueñan, no sabemos en qué, pero lo hacen.
Si tenemos en cuenta que gran parte de nuestro ser responde a patrones heredados genéticamente, todo feto que llegue a una adecuada madurez cerebral, experimentará sensaciones como el miedo, la tranquilidad, el placer o la angustia.
Seguramente sus mentes, serán escenarios elementales donde acontezcan plácidos sueños y puede que hasta pesadillas. Lástima que no recordemos nada de ello.
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