VIAJES ASTRALES POR LOBSANG RAMPA

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¡SABEMOS! , que es posible dejar el cuerpo físico común ( ¡el que sostiene los vestidos! ) y viajar a cualquier parte, incluso fuera de la Tierra, hacia lo astral.
Todos pueden viajar hacia lo astral ¡aun los que piensan "que todo es una tontería"! Es tan natural como el respirar. La mayoría de la gente lo hace cuando está dormida, y a menos que tengan experiencia, nadie se da cuenta de esto. Cuánta gente exclama por la mañana: " ¡Qué sueño maravilloso tuve anoche, me pareció estar con Fulana de tal. Fuimos Muy felices juntos y ella me dijo que estaba escribiendo! ¡Es claro que ahora lo recuerdo todo tan vagamente! "
Y luego, por lo general varios días más tarde una carta LLEGA. La explicación es que una de las personas ha viajado astralmente hacia la otra, y a causa de su inexperiencia, les parece "un sueño".
Casi todos pueden viajar astralmente. Cuántos casos hay comprobados de personas moribundas que visitan a un ser querido en el sueño para decirles adiós. Vuelvo a repetirlo, esto es viaje astral. La persona moribunda, que ya ha desatado sus lazos con el mundo, visita fácilmente al amigo al efectuar su tránsito.
La persona experimentada puede reclinarse y procediendo a su relajación, puede desprenderse de su yo, o su cuerpo, o espíritu, o comoquiera que deseen llamarlo, es la misma cosa. Luego, cuando la única conexión es el
"Cordón de Plata" el segundo cuerpo puede echarse a volar, como un globo cautivo atado en el extremo de una cuerda. Dondequiera que se desee, allí puede irse, plenamente consciente, plenamente alerta, cuando se está entrenado.
El estado de sueño es el que corresponde a la persona que viaja por el espacio sin saberlo, y vuelve de él confundido, con la impresión de un remolino. A no ser que se posea experiencia, hay multitud de impresiones que se reciben de continuo a través del cordon de plata que confunden más y más al "soñador". En el espacio puede irse DONDEQUIERA, incluso más allá de los confines de la Tierra, porque el cuerpo astral no respira ni come.
Todas estas necesidades son suplidas por el "Cordón de Plata" que, durante la vida, se conecta de continuo al cuerpo físico. "
Recuerdo de manera muy particular un viaje que hice al espacio. Esto es absolutamente verdadero, y los que tengan experiencia sabrán que así es.
                                                                         Mi Guía, el Lama Mingyar Dondup, un amigo del lama que es en la actualidad íntimo amigo mío, de nombre Jigme, y yo, estábamos en el techo de Chakpori sobre la Montaña de Hierro, en el Lhasa, Tibet. Era una noche en verdad muy fría, hacía casi cuarenta grados bajo cero.
Mientras permanecíamos de pie sobre el techo el ululante viento nos apretaba las ropas contra el cuerpo tembloroso. Agitadas por él, nuestras ropas gemían como banderas en oración, dejándonos helados hasta los huesos y amenazándonos con precipitarnos por la montaña.
Pero nosotros temblábamos en el agudo frío, temblábamos y deseábamos en ese momento estar adentro, con el aíre cargado de incienso del templo sobre nosotros.
Estábamos, sobre el techo por un motivo especial, como el Lama Mingyar Dondup había declarado enigmáticamente. Luego se puso de pie entre nosotros, pareciéndonos tan firme como la montaña misma, mientras señalaba hacia una estrella distante —un mundo que parecía rojo— y dijo:
"Hermanos míos, ésa es la estrella Zhoro, un viejo, viejísimo planeta, uno de los más viejos de este sistema particular.
Ahora se está aproximando al final de su larga vida."
Ahora, juntos, iremos por el espacio hacia el planeta. Dejaremos nuestros cuerpos aquí, en este techo azotado por el viento e iremos más allá de la atmósfera, aun más allá del Tiempo."
Así diciendo se dirigió hacia el camino que atravesaba el techo donde había un pequeño refugio proporcionado por una saliente cúpula del techo. Se tendió en el suelo y nos pidió que nos tendiéramos junto a él. Estrujamos nuestras ropas en torno nuestro y nos tomamos de las manos.
Sobre nosotros el púrpura oscuro de la bóveda de los cielos moteado con débiles puntitos de luz, luces de colores, porque todos los planetas tienen diferentes luces cuando se los mira en la noche clara del Tibet. A nuestro alrededor soplaba el viento, pero nuestro adiestramiento siempre había sido severo y ya no pensamos en nada; permanecimos en el techo. Sabíamos que éste no sería un viaje ordinario al espacio porque no era frecuente el dejar nuestros cuerpos así expuestos a las inclemencias del tiempo.
Cuando el cuerpo está incómodo el yo puede viajar más lejos y más rápido y recordar con mayor precisión. Sólo para pequeños viajes de trasmundo puede uno relajarse y dejar el cuerpo cómodo.
Mi Guía dijo: "Apretemos ahora nuestras manos juntas y proyectémonos unidos más allá de esta Tierra. Manténganse conmigo y viajaremos lejos, pues esta noche haremos una experiencia poco común."
Nos echamos hacia atrás y respiramos en la forma indicada para lograr la liberación requerida para el viaje astral. Tenía conciencia del viento que soplaba a través de nuestras ropas que aleteaban locamente sobre nosotros._De pronto, hubo una sacudida y no sentí más los afilados dedos del viento helado. Me encontré flotando como en un tiempo distinto, por encima de mi cuerpo, y todo quedó en paz. El lama Mingyar Dondup estaba ya de pie en su forma astral, y luego, al mirar hacia abajo, vi a miamigo Jigme que también dejaba su cuerpo. Los dos nos pusimos de pie y nos tomamos de la mano para unirnos a nuestro Guía. Esta unión denominada ectoplasma, se desprende del cuerpo astral por el pensamiento. Es la sustancia por la cual los médiums producen manifestacionesdel espíritu. Continuamos el ascenso, más y más rápido, hasta sobrepasar la velocidad de la luz porque éramos espíritus desligados del cuerpo, deslizándonos siempre hacia adelante, aproximándonos casi a la velocidad del pensamiento. Al mirar frente a mí, en línea recta, vi un planeta, muy cerca, amenazante y rojo. Estábamos cayendo hacia él a una velocidad imposible de calcular. Aunque mi experiencia en viajes astrales era amplia, la alarma cundió en mí. La forma astral del lama Mingyar Dondup rio telepáticamente y me dijo: "Oh Lobsang, de chocar contra ese planeta nadie se lastimaría. Pasaríamos derechamente a través de él, no habría barreras."
Por último nos hallamos flotando sobre un mundo rojo y desolado; rojas eran las rocas, roja la arena en un inmóvil mar rojo. Mientras nos sumergíamos hacia la superficie de este mundo vimos extrañas criaturas como inmensos cangrejos moviéndose letárgicamente junto a laorilla del agua. Nos detuvimos sobre la roja roca de la costa y miramos hacia el agua, sin mareas, muerta, coronada de roja espuma, hedionda espuma. En eso, se agitó salvajemente, volvió a rizarse la superficie del a una criatura también roja, cubierta de pesada malla y con notable ensambladura. Lanzó un gemido como si estuviera cansada y desanimada, alcanzó la arena roja y se dejó caer junto al mar quieto. Sobre nuestras cabezas un rojo sol fosforecía sin brillo produciendo sombras sanguinolentas, ásperas y crueles. No se percibía ningún movimiento, ni ningún otro signo de vida que las caparazones de las extrañas criaturas medio muertas tendidas sobre el suelo. A pesar de hallarme en mi cuerpo astral me estremecí con aprensión al echar una ojeada a mi alrededor. Un mar rojo sobre el que flotaba la roja espuma; rocas rojas, arena roja; extrañas criaturas de caparazón roja; y por encima de todo esto, un sol rojo como los rescoldos del fuego; un fuego vacilante próximo a apagarse.
El Lama Mingyar Dondup comentó: "Este es un mundo agonizante. No hay rotación aquí. Este mundo flota abandonado en el mar del Espacio, como satélite de un sol moribundo pronto a desplomarse y convertirse así en unadiminuta estrella sin vida, sin luz, una pequeña estrella que eventualmente chocará con otra estrella y de la cual surgirá un mundo nuevo. Los he traído aquí, porque aun en este mundo hay vida, una vida especialísima que está aquí para el estudio y la investigación de los fenómenos de esta clase. Mirad a vuestro alrededor."
Se dio vuelta y señaló con su mano derecha hacia la distancia. Vimos así • tres inmensas torres qué se elevaban hacia el cielo rojo y sobre cuyas cimas tres brillantes globos de cristal fosforecían y latían con una luz amarilla brillante como si estuvieran vivas. Mientras permanecíamos observando, una de las luces cambió, una de las esferas se iluminó de intenso azuleléctrico. El lama Mingyar Dondup nos dijo: "Vengan, nos están dando la bienvenida. Nos permiten 'descender a la tierra donde están viviendo, en una cámara subterránea."
Nos movimos juntos hacia la base de dicha torre, y luego, al detenernos junto a ella vimos que había una entrada muy bien asegurada con algún extraño metal reluciente, que parecía una línea divisoria sobre esa tierra roja y estéril. Pasamos a través de ella, puesto que ni el metal, ni la roca, ni nada, implica una barrera para la condición astral. Pasamos y atravesamos largos corredores rojos de roca muerta hasta detenernos por fin en un amplísimo vestíbulo circundado de gráficos y mapas, de instrumentosy extrañas máquinas. En el centro había una larga mesa, sentados a la cual se hallaban nueve hombres viejísimos, completamente dispares entre sí. Uno era alto y delgado, de cabeza puntiaguda en forma de cono. Otro era bajo y de aspecto fornido. Cada uno de estos hombres era diferente.
Saltaba a nuestra vista que cada uno de estos hombres provenía de distintos planetas, que eran de diferentes razas. ¿Humana? Humanoide sería tal vez la palabra más adecuada para describirlos. Todos ellos eran humanos,
pero unos más humanos que otros. Nos dimos cuenta de que todos ellos miraban fijamente hacia nosotros. "Ah —dijo uno telepáticamente—, tenemos visitantes de lejos. Los vimos dirigirse hacia aquí, por nuestra estación de investigación. El lama Mingyar Dondup dijo: "He traído a estos dos jóvenes lamas para que puedan ver las etapas de la muerte y la decadencia en un planeta que ha agotado su atmósfera, y en la que el oxígeno de dicha atmósfera se ha mezclado con los metales para hacerlos arder y reducirlos a un polvo intangible."
—Así es —dijo el hombre alto—. Nos gustaría señalar a estos jóvenes que todo lo que nace debe morir. Cada cosa vive para un período fijo, y ese período fijo es el número de unidades de vida. La unidad de vida en cualquier criatura humana equivale a cada latido de su corazón. La
vida de un planeta es de 2.700.000.000 latidos, después de los cuales el planeta muere, pero de su muerte nacen otros. Un ser humano vive también durante 2.700.000.000 de latidos y asimismo el último de los insectos. Un insecto que viva durante veinticuatro horas tiene, durante ese tiempo 2.700.000.000 de latidos. Un planeta —varía naturalmente-- puede tener un latido en 27.000 años y luego de éste se producirá una convulsión en dicho mundo como si se sacudiera a sí mismo listo para el próximo latido. Toda la vida, entonces --continuó— tiene el mismo plazo, pero algunas criaturas viven en unidades diferentes a otras.

Las criaturas de la tierra, el elefante, la tortuga, la hormiga, y el perro, todas ellas viven durante el mismo número de latidos, pero sus corazones laten a diferentes velocidades, y así es como parece que unos viven más y otros menos. Al retornar, los dorados techos del Potala, debajo de nosotros, resplandecían a la fría luz del sol. Nuestros cuerpos estaban tiesos, endurecidos, y era difícil caminar con sus articulaciones heladas. "Y así —pensamos, mientras tropezábamos con nuestros pies—, otra experiencia otro viaje ha terminado. ¿Qué vendrá ahora? "

1 comentario:

  1. Me regalaron el libro de Lobsang Rampa, y de tonta yo lo regalé a quién, sabía no lo valoraría. Me arrepiento. Hasta ahora leí otra vez algo de él. Gracias.

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